domingo, 28 de junio de 2015

Mascota en fuga – José Luis Velarde & Lucila Adela Guzmán


La mascota de Lobsang Rampa salió a dar un paseo en 1961. Harta del escritor que la perseguía día y noche. El hombre anotaba cualquier miau y ronroneo. En la cabecita del siamés las palabras aparecidas vibraban a la altura de los bigotes. Punto sensible y neurálgico en todos los felinos. Una puerta astral como la descrita por Lobsang Rampa en El tercer ojo; la primera novela dictada a Cyril Henry Hoskin hasta constituir un best seller. 
Cyril dejó de ser un inglés del montón gracias al talento de aquella mascota capaz de cambiarle el nombre y volverlo médico del Tibet en dos novelas más. El siamés estaba conforme con las ganancias recibidas por la trilogía complementada por El médico de Lhasa y El cordón de plata. Vivía en un barrio tranquilo y no sentía necesario dictar más libros. Para entonces el tipo era acusado de fraude. Aconsejado por el felino declaró que fue Cyril Henry Hoskin, pero que abandonó esa identidad tras desplomarse de un abeto cuando intentaba retratar a un búho. Inconsciente pudo ver el alma de un monje tibetano llamado Lobsang Rampa. El inglés permitió la entrada del alma vagabunda al cuerpo maltrecho para sobrevivir.
Ahora escribía como Lobsang Rampa, porque en verdad lo era. 
La increíble explicación incrementó la fama del autor y la demanda de libros. Lobsang Rampa se revisaba la frente todos los días para buscar el tercer ojo colocado por la mascota en el texto. Nunca brotó. Lobsang Rampa aún carecía de imaginación y demandaba nuevas historias con gritos y uno que otro golpe. Así que el felino se escabulló por las azoteas como hacen las mascotas que desaparecen, pero el escritorzuelo convirtió aquella huída en un viaje astral.
Consiguió publicar otros libros. Ninguno tan exitoso como los dictados por Fifi Greywhiskers.

Acerca de los autores:
Lucila Adela Guzmán
José Luis Velarde

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