martes, 11 de agosto de 2015

Avatares eventuales - Manuela Fernández Cacao & Sergio Gaut vel Hartman



Etelvina Luzuriaga Menezes, ochenta años, viuda y virgen, conoció a Jürgen Kruchuzov en uno de esos lugares de Internet para solas y solos. Por cierto la anciana que se presentó como Vanesa Del Río, de diecinueve años, y puso la foto de una modelo sueca que encontró en un sitio de rubias espectaculares. Y también hay que resaltar que Jürgen no era el verdadero nombre del estibador correntino Indalecio Soto, depredador serial de damiselas un poco perturbadas. No obstante, merece destacarse que dos falsedades pueden hacer una verdad. Vanesa y Jürgen se enamoraron perdidamente, dejando a Etelvina e Indalecio relegados a un segundo plano, dotándolos de una suerte de inexistencia.
Pero el amor siempre pide más y el ciberespacio ya no les era suficiente. Ciegos por el deseo decidieron quedar una noche. La cita sería en un hotel, ella aguardaría en la habitación dejando entornada la puerta, él entraría en silencio y entre sábanas fundirían su amor.
Esa noche llegó y en la penumbra, con la complicidad de las sombras, Indalecio se dirigió al lecho donde entre cojines y dosel intuía reposar su amada. Sus pasos retumbaban en los oídos de Etelvina que sin verle iba notando su presencia cada vez más cerca. Cuando llegó junto a ella, muy suavemente, se inclinó hasta apenas rozar los labios, después unieron las manos, y las caderas más tarde, y comenzaron a tocarse y a besarse desenfrenadamente y sus latidos se hicieron uno, sin hablar, en la connivencia de la noche. Sus cuerpos sudaban y respiraban a un ritmo como jamás antes. Se sentían etéreos, espíritus sin cuerpo. Se oyó: “Jürgen, he esperado toda mi vida a alguien como tú, vayámonos lejos”. Y tomados de la mano, desnudos, irguieron sus cuerpos y muy pausadamente fueron desapareciendo en la bruma que entraba por la ventana hasta que solo se divisó el destello de una melena larga y rubia disolviéndose en la nada.

A la mañana siguiente, el forense certificó la muerte de dos ancianos en la habitación de un hotel. Paro cardíaco, ambos, señaló moviendo la cabeza extrañado. 

Acerca de los autores:
Manuela Fernández Cacao
Sergio Gaut vel Hartman

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