sábado, 15 de agosto de 2015

El perro de Arnaldo - Rolando José di Lorenzo & Patricio G. Bazán


El perro miraba todo lo que hacía el viejo Arnaldo, seguía sus pasos como podía, porque los dos eran antiquísimos, nadie imaginaba cual era más viejo. Parecía que el viejo estaba cumpliendo una misión y no de los últimos tiempos, eso le venía de lejos, aunque nadie sabía de dónde ni qué era. Solo el perro parecía saberlo, pero no decía nada, o no le entendían. Josito, un niño que vivía en la casa de al lado, era el único que parecía entender al perro, de tanto jugar con él, o tal vez por las condiciones especiales que el niño tenía. Una tarde, a pedido de su padre, se sentó en la vereda e interrogó al perro:
—¿Qué hacen ustedes dos?
El perró lo miró a los ojos antes de contestar. —El viejo purga sus penas, aunque le quedan pocas.
Josito entendió —en ese idioma que solo emplean los puros— que Arnaldo debía enmendarse antes de partir.
—¿Y vos?
—Lo cuido, para eso vinimos a este mundo. Vos y yo.
Josito asintió. Lo mismo pensaba de su padre: todo el día con la botella, repitiendo: “¿por qué a mí?”.
—Los seres como nosotros tampoco duramos mucho, así que volvé con tu padre y abrazalo fuerte. ¿Entendiste? 
Desde entonces, Josito cuidó a su papá, apartándole la ginebra y mirándolo con ojos de perro, hasta que dejó de beber y lo aceptó como hijo.
Quiso contárselo al perro, pero este había desaparecido cuando murió Arnaldo.

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