jueves, 27 de agosto de 2015

Encuadre terapéutico – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


El terapeuta contempló a su paciente con ojo agudo.
—En mi enfoque —dijo—, lo que siente el terapeuta es importante. No sólo remite a su historia personal, sino también al sistema en el que emerge ese sentimiento, ¿comprende?
—Más o menos —respondió la paciente—. ¿Puede darme un ejemplo?
Ya en el bar “Te contamos todo”, terapeuta y paciente habían profundizado en sendos vasos de vodka con ron, además de rizar el ejemplo desde varios ángulos.
—¿Cómo se llama este trago?
—“Bikini Open” —respondió la paciente.
—Veamos qué opina su esposo sobre todo esto.
—Yo también voy —exclamó el barman, saltando por encima de la barra.
El esposo de la paciente abrió la puerta y quedó de una pieza al ver al terapeuta y al barman. Pero ella le explicó someramente de qué iba la cosa.
—En el enfoque de Carlos, lo que siente el terapeuta es importante, ¿entendés?—. No sólo remite a su historia personal, sino también al sistema en el que emerge ese sentimiento.
—¿Y qué siente? —dijo el marido.
—La autorreferencia —se apresuró a decir el terapeuta—, es un triunfo para mí, no un handicap, ¿lo capta?
El marido y el barman movieron la cabeza.
—¿Y ahora qué sigue? —dijo la paciente.
—Vayan a la cama. Yo los observo y, eventualmente, intervendré. Tengan en cuenta que he reflexionado larga y profundamente sobre los problemas del observador y el cambio.
—¿No debería hacer venir a mi amante? —preguntó el marido.
—¡Por supuesto! —dijo Carlos—. Siempre que su esposa esté de acuerdo.
—Siempre que sea beneficioso para el encuadre terapéutico —suspiró la paciente—, acepto.
La amante del marido llegó en menos de diez minutos; era la manicura de Hair Fashion Style. Al principio todo fue de maravilla, pero solo porque el terapeuta se limitaba a observar. Cuando no pudo contenerse e hizo sentir el peso de su intervención, la cama se rompió.

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