lunes, 31 de agosto de 2015

Entre lápidas y tumbas te amarán - Marcelo Sosa & Luciano Doti


Ambos estaban en pareja, pero como siempre ocurre en estos casos, el diablo terminó metiendo la cola. La primera vez que se vieron, sus miradas se enredaron en una maraña de saludos y palabreríos sin sentido. La consigna era devorarse con los ojos. Luego llegarían los disimulados roces de manos, el codo, los pies. Un brusco pisotón fue recibido con tanto beneplácito que ninguno de los dos pudo evitar ruborizarse. Esa acción cargada de libido reprimida expresaba el deseo irrefrenable de hacer contacto físico a cualquier precio. Sus respectivos cónyuges eran de armas tomar. Lo sabían, pero nada importaba ya. Era cuestión de tiempo, un par de llamadas y la intercesión de alguna celestina para consumar el hecho. Sin embargo, el azar quiso acortar el camino y los encontró en el cementerio de los judíos, en el panteón de la familia Garfunkel, cuya puerta estaba sin llave desde hacía mucho tiempo.
Él la arrojó sobre uno de los ataúdes. Al fin había llegado el momento de perpetrar lo planeado durante tanto tiempo. 
Unos adolescentes góticos que paseaban por el lugar los vieron. Muy pronto divulgaron la novedad: con ribetes de leyenda urbana, hablaron de dos vampiros amándose en el camposanto y de un ritual diabólico. 
La leyenda llegó a oídos de los dos amantes. Ella pensó en lo de diabólico y en el diablo con sus cuernos, y al relacionar esos cuernos con los de su marido impotentemente armado, rio con ganas.

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