miércoles, 16 de septiembre de 2015

Inimputable – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—¡Maldito Huang He, me las va a pagar! —exclamó Serguei Bernardovich Gautmanov estrellando el vaso de vodka contra la mayólica.
—¿Huang He, el psicópata sexual? —Aquiles Ayax Sandovalipautas no salía de su asombro.
—El mismo hijo de puta y de Ging Sen y Ginko Bilova, una rusa que supo bailar desnuda en el Bolshoi secreto, ese que creó Lenin para los jerarcas del Partido allá por el 19.
—¿Tenía tres padres? Es decir, ¿un padre y dos madres, ambas putas? Porque a Gingko Bilova la conocí; era la hija putativa de Boris Godunov y Mala Bulova, una relojera de Samarkanda amante de Igor Stepanovich Katcheturia.
—¡Eso es imposible! —se impacientó Serguei—. Katcheturia era sobrino de Bashiel Popovna, jugadora de ajedrez disléxica y lesbiana que una vez le ganó a Alexandre Alexandrovic, un patán de carta mayor, hijo de Xavier Golomonosov.
—¡No te creo! Yo mismo asesiné a Alexandrovic en Sarajevo, un terrible reaccionario, una tarde de mayo del 22, por orden de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Jamás lo hubiera hecho de haber sabido que era hijo de Golomonosov. Xavier era mi amigo. Comimos hojas de remolacha hervida en la misma escudilla durante la hambruna del 21.
—No es ese Golomonosov. El que yo menciono provenía de una caravana perdida en Ulaan Bataar y nació en el odre de un camello de la virgen cachuba Myrian Bologonosovna, emigrada por sus afectos hacia Proserpion Balajirnov abogaducho de cuarta en el bufete del conde Rajaminov, hijo de Valentina Procnopirovna y su padre.
—¡Estás inventando! Todos esos son personajes de una novela de Fudor Duzdoieshki que tuve ocasión de leer cuando todavía era un manuscrito. Fudor permanece inédito porque los editores descreen que alguien con ese nombre y ese apellido pueda vender un libro.
—Ekaterina Bolgurova existe; fue mi amante —replicó Serguei enardecido—. Nació en el bufete Rajaminov pero era hija de Iektekila Mexicovna y Sebastian Pastrenajov. Ella pulía los bronces de Pavel Ignatievich Restrenovic, un mujik tuerto por la cornada de un jak, Jack el destripador, le decían a ese jak, aunque su especialidad eran los ojos. Y era tan especializado que sólo pinchaba ojos derechos. Es que había sido educado por los próceres de la Revolución.
—¡Honra a los próceres de la Revolución! —exclamó el lituano descorchando otra botella de vodka y sirviendo en nuevas copas.
—¡Honra! —respondió el kazajo olvidando todos los agravios y perdonando a todos sus enemigos gracias al proverbial sentimentalismo ruso. Ese fue el momento elegido por Huang He para entrar a la buhardilla que compartían Serguei y Aquiles.
—¡Hola, pedazo de bufarrones! ¿Cómo están? ¿Hacemos una orgía?

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

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