viernes, 4 de septiembre de 2015

The machinist - Raquel Sequeiro & Cristian Cano


Abrí la ventana. El aire tierno de la tarde lograba encrespar los árboles, sus largas cabelleras amarillas y sediciosas, ululantes, brillantes de sol y de lluvia. La gigantesca mole de mi padre estaba en el jardín, medía tres metros por veinte y dejaba un espacio a la imaginación, un horror, porque yo no puedo imaginar y me falta un trozo de gigantesco bicho –máquina colosal, exactamente el trozo pegado al muro de la casa–, al que me acerqué esta mañana, donde intuí que no era un insecto sino una máquina extraña: al entrar en su cercanía lloré desconsolada porque una nueva realidad me abrazó. Acaricié y contemplé durante horas el elemento nuevo. Mi padre observó distante cómo me transformaba en una carne mecánica y vertiginosos los sentimientos claudicaron. La mole desapareció. Desde otras realidades, él es solo un mineral.

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