miércoles, 11 de noviembre de 2015

El elixir – Enrique Tamarit Cerdá & Sergio Gaut vel Hartman


En una callejuela que serpentea por los aledaños de la judería de Amberes tenía Jacob van Keerberghen su botica, en cuya trastienda muy pocos pueden contar que hayan estado. Sin embargo, cuando el forastero le detalló su pedido, cerró la puerta principal y con gesto reflexivo hizo seña de que le siguiera. Al visitante se le hacía difícil moverse por aquella estancia repleta. No así al viejo Jacob, que aun arrastrando los pies se desplazaba con destreza, sorteando vasijas esparcidas por el suelo, para alcanzar los anaqueles donde almacenaba cientos de frascos de vidrio con enigmáticos mejunjes. El polvo expelido por su peculiar patinaje ascendía en remolinos por un cono de luz cenital y se colaba en las gargantas, provocando una persistente carraspera. Tan distraído estaba el extranjero contabilizando cubetas, redomas y botellas con los más diversos potingues que la abrupta pregunta de su anfitrión lo tomó por sorpresa.
—¿Está seguro de que lo quiere?
—No estaría aquí si no fuera porque me garantizaron que funciona.
—Funciona, le doy mi palabra —dijo el boticario—. Pero mi pregunta fue otra.
—¿Cómo no voy a querer? —El gesto de estupefacción del extranjero fue por demás elocuente. Pero Jacob insistió.
—El precio, el asunto es el precio.
—Tengo todo el dinero que se necesita, por mucho que usted pida.
—No me refiero a ese precio sino al otro. Yo no estoy seguro de haber hecho lo correcto aquel 24 de septiembre de 1541, cuando Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, en su lecho de muerte, renunció lúcidamente a beber su pócima y me obsequió la fórmula de la inmortalidad.

Acerca de los autores:
Enrique Tamarit Cerdá

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