lunes, 23 de noviembre de 2015

Resaca - Fabián Eduardo Rafael & Sergio Gaut vel Hartman


Me despierto con un dolor insoportable; parece que me están pegando con un martillo en la cabeza. Escucho el ruido del motor de una moto con caño de escape libre, y aunque pasa lejos, el dolor se incrementa. De pronto, me acuerdo de mi auto; doy un salto en la cama, me levanto y es peor; ahora también estoy mareado. Voy apoyándome en las paredes hasta el garaje: veo al auto; ya es un alivio. Ahora tengo que revisarlo; giro alrededor para ver cómo está y advierto que por lo menos no tiene ningún choque o raspón. Me siento más aliviado; busco en el botiquín un antiácido pero no lo encuentro. Tendré que vestirme e ir a comprar uno; también una Coca Cola, es lo mejor para esta resaca. El sol de la calle hace estragos en mi cuerpo; por suerte el negocio está cerca. Tomo el antiácido con agua gasificada, para que sea más efervescente y también un vaso grande de Coca con hielo, y dos porciones de pizza que encuentro en la heladera; se podría decir que me siento un poco mejor. ¿Qué pasó anoche? No recuerdo nada. Estaba comiendo asado con los muchachos; espero que me llame alguno para contarme lo que pasó, si hice algo malo. Me recuesto en el sillón con el televisor bien bajito, pero no me duermo. Me despierta el teléfono. ¿Cómo es posible? No estaba durmiendo. ¿Entonces todo fue un sueño? La resaca, el sonido del escape de la moto, la inspección del auto, la salida para comprar el antiácido y la Coca, las dos porciones de pizza... Atiendo el teléfono.
—¿Waldo?
—¿Qué Waldo? —replico, de mal humor—. Acá no vive ningún Waldo. El único habitante de esta casa soy yo, y me llamo Aníbal.
—Dale, Waldo; no hagas chistes. Soy Andrés, tu hermano. Te conozco la voz.
—Soy hijo único, idiota; no tengo hermanos.
—Tenés una mancha marrón junto al ombligo; una mancha que parece un conejo.
Eso me inquieta; es cierto. Esa mancha existe, pero todo lo demás es falso. ¿Falso?
—¿Qué día nací?
—El 8 de marzo de 1968. Faltan doce días para tu cumpleaños. Mamá va a venir de Tartagal...
—¡Un momento! Esto es parte del sueño. Sigo soñando. —Río entre dientes, pero la situación me perturba.
—¿De qué estás hablando?
—Anoche, en el asado, tomé de más... y me desperté con una terrible resaca.
—¿Asado? ¿Estás loco? ¿Cómo te atevés a comer carne? El ruug se va a enfurecer.
—¿El ruug? ¿Qué es eso? —Ahora estoy pasando de la inquietud al temor y la siguiente frase de mi interlocutor me precipita directamente en el terror.
—Los ruugs vinieron de Aldebarán y se proponen cambiar nuestras bárbaras costumbres alimentarias...
Parece que, finalmente, es un hecho cierto que no estoy soñando. El ruug entra a la habitación. Está furioso.

Acerca de los autores:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada