jueves, 17 de diciembre de 2015

Whisky barato – Sergio Gaut vel Hartman & María Ester Correa


Como buen fascista, dogmático y ponzoñoso, Martín no podía hablar de las mujeres sin denigrarlas. Esta vez no fue la excepción. Desagradable hasta las náuseas, no se cansó de repetir que las hembras (siempre llamaba “hembras” a las mujeres) están destinadas a la cópula, eventualmente a la reproducción y nunca a tareas intelectuales.
—Si les das un papel hacen una papirola —dijo saboreando el whisky barato de Roque había disimulado en unos botellones de cristal mezclado con psilocibio, un hongo alucinógeno comprado esa tarde en la farmacia. El empleado le había dicho que era lo mejor si se quería dar un viaje, aunque le advirtió sobre las consecuencias funestas que podía tener el abuso. Si te pasás no contás el cuento, había agregado.
—¡Martín —dijo Roque, socarrón—, esta noche tenemos fiesta, todo lo que tomes es gratis! —Y luego, dirigiéndose a las chicas, estableció las reglas de la juerga—. Entren, cierren las puertas, corran las cortinas, el bar es de nuestros invitados. —Pensó que tendría aseguradas seis o siete horas de diversión, lo que duraba el efecto del alucinógeno, por lo que se frotó las manos, entusiasmado.
Sabía qué resultados podía esperar. Martín, bebiendo, era una esponja; no dominaba su mente, ni su cuerpo. Las prostitutas lo rodearon, sobándolo, y lo desnudaron sin miramientos.
—¡Te vamos a castrar! —dijo una.
—¡No, no, mejor violémoslo! —dijo otra. Todas reían a carcajadas. Empezaron a torturarlo con vibradores, navajas, encendedores y diversos juguetes eróticos. Martín bramaba de miedo, balbuceaba pidiendo ayuda; fueron horas de idas y vueltas en las que terminó arrastrándose por el piso como una babosa.
—¡Roque, por favor, ayudame, esto es un infierno! ¿Qué le pusiste al whisky?
—Le puse psilocibio, un hongo alucinógeno tremendo. ¿Qué te parece? Pega fuerte, ¿no?
—¡Dejame salir! Es como estar preso en la Isla del Diablo. Es como penar en los calabozos de la Inquisición, atendido por los dominicos. ¡Esto es Auswichtz! —Martín corría de una habitación a otra, perseguido por las mujeres que trataban de sodomizarlo con un jarrón de la dinastía Ming, obviamente mucho más caro que el whisky con psilocibio.
—Es cierto —dijo Roque, sonriendo, cínico—; y solo se puede salir de una forma. —Lo detuvo con una mano mientras abría la puerta de su estudio y contenía con un gesto a las prostitutas—. Todavía te quedan algunas horas de locura —agregó—, salvo que tomes un atajo. —Cerró la puerta con llave, dejando a las decepcionadas cazadoras del lado de afuera y puso una Beretta 92 en la mano de Martín—. Podés decir que la culpa la tienen ellas, que hicieron de tu vida un infierno.
—¡Sí, sí! ¡Hijas de puta!
Las chicas escucharon el disparo, pero se perdieron la sonrisa de satisfacción del suicida.

Acerca de los autores:
María Ester Correa Dutari
Sergio Gaut vel Hartman

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