viernes, 29 de mayo de 2015

El mundo de los sueños – Sergio Gaut vel Hartman & Cristian Cano


La acción de los medicamentos sobre el sistema nervioso produce interesantes y perturbadores efectos secundarios. Abdón Abdullah, por ejemplo, no tiene rival en el campo onírico a la hora de procesar soporíferos, sedantes y anestésicos. Cada noche, cuando se duerme, el que fuera camellero del jeque Muhammed All-Fatay en su juventud y ahora, por un azar inexplicable gobierna todo el planeta Tierra desde su palacio en Dubai, dirime los dineros y destinos de la gente desde el claustro de su nueva realidad avalada. Lo que Abdullah no sospecha es la carnicería muy real que implementan los súbditos soporíferos de All-Fatay. Y lo que es peor, él nunca cambiaría sus realidades aletargadas por las lejanas guerras que extrañas tribus berebere cuentan a paso de camello.

Acerca de los autores:

Mego Merlón en el Medioevo - José Luis Velarde & Raquel Sequeiro


Mego Merlón vivió en Inglaterra en los años en que Arturo fue monarca de Inglaterra. No por ello lo conoció ni tuvo algo que ver con la magia de Merlín, pues Mego fue palafranero durante buena parte de su vida. Apenas tenía permitido llevar de la brida a caballos montados por niños o ancianos. Cuentan que el padre de Mego murió de tristeza al advertir que el hijo jamás podría ocupar el puesto de mensajero desempeñado durante muchos años. Pero Mego soñaba, y todas las noches se repetía el mismo sueño y harto de sudar y dar vueltas, Mego Merlón pidió ayuda al mago Merlín, quien con una pócima solucionó la fantasía persecutoria de que en lugar de mensajero era un mago bastante olvidadizo y desdoblado que no había conocido en su vida.

Acerca de los autores:
José Luis Velarde
Raquel Sequeiro

Cierto delirio - Ada Inés Lerner & Carlos Enrique Saldivar


Gideon repetía las palabras de un cartel de neón que veía por la ventana. Desde la cama observaba gran parte del anuncio. Y repetía el mensaje una y otra vez. Así empezaba su noche hasta quedarse dormido y registrar al mínimo el dolor y la tos. Alguna vez, en su delirio, miraba el retrato frente a sí hasta que se veía a sí mismo. No lo engañaban sus ojos, sí su mente enferma. El guapo hombre de la imagen, vestido con terno, le decía: «Atrévete, tú puedes ser como yo». Gideon intentaba descifrar aquello. ¿Qué otra opción tenía un hombre de setenta años, sin familia y enfermo de cáncer? Gideon siguió repitiendo las mismas palabras durante meses, hasta que ya no pudo levantarse de la cama y fue llevado al hospital. Antes de morir supo el significado del rótulo, pidió que lo enterraran ataviado con un terno «Dolce Vita».

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Carlos Enrique Saldivar

martes, 26 de mayo de 2015

Ollaje - Abel Maas & Ana Caliyuri


El viernes, a las siete de la tarde, se encontraron en el club de solos y solas y se sentaron a la misma mesa. Ella era una reina, él un desgraciado. Inmediatamente comenzaron a aburrirse.
El sábado a las diez de la mañana tocaron el timbre y él abrió. Era ella, con cuatro valijas, las dos nenas y el ollaje. La miró con perplejidad y atinó a preguntar:
—¿De paseo?
—¿No te acordás lo que hablamos ayer? —respondió ella con angustia.
Él rememoró esa noche y el exceso de cervezas colmó su mente.
—No sé qué pude decirte en el estado en que estaba.
—Nada incómodo, no te preocupes. Me dijiste que no tenías con qué cocinar y acá te traje el ollaje. ¡Que las disfrutes mucho! Me gusta hacer actos de caridad los fines de semana.

Acerca de los autores:
Abel Maas
Ana Caliyuri

La casa oculta - Alejandro Bentivoglio & Luciano Doti


A veces lo único que hay en la casa son sombras. Las habitaciones parecen extraños territorios donde ninguna luz se atreve a posarse. Las sombras no tienen formas, o quizás sí, el ojo prefiere esconderse de las figuras que se dibujan en las paredes o que ocultan los muebles de tanto en tanto. El silencio se quiebra en un arrastrar de negrura, como un corazón de velada tiniebla.
Las sombras quieren comunicarse conmigo. La casa alberga un alma en pena. Estoy convencido de que alguien fue asesinado y sepultado aquí. Por eso he comenzado a escarbar en los pisos, ya levanté todo el parquet de los dormitorios y mañana empiezo a romper los cerámicos del living. Si no está ahí, voy a picar las paredes, a ver si está emparedado. Pero voy a encontrar su cuerpo para que su alma descanse en paz.

Acerca de los autores:

Discusión ― Cristian Cano & Ana Caliyuri


—¿De qué te quejás? ―preguntó sin aliento.
—De todo esto. Es un lío.
—Hacé algo al respecto.
—¿Que me haga cargo? ―alzó la mirada.
—Sí.
—No. Ni loco. Este es el mundo en donde nos tocó vivir.
—Te equivocás ―se apoyó en la pared―. El mundo es lo que hacemos de él. ¿Qué es lo que te bloquea tanto y no deja darte cuenta?
—El haberlo intentado millones de veces y fracasar —respondió él.
—Fracasar es no hacer.
—Nooooooo, fracasar es intentarlo en vano. Siempre estamos en el punto de partida.
—Eso es una falacia, nunca se vuelve a estar en el mismo punto. Panta rei…
―Parece la edad de piedra…
—Quita lo que sobra como hizo Michelangelo.
—De acuerdo, trae el bisturí.
—¿Qué harás?
—Extirparé mis ojos, necesito ver mejor, respondió él.
—No es necesario. Acabo de ver tu alma.

Acerca de los autores:
Cristian Cano
Ana María Caliyuri

El collar de perlas - Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


"¿Quién tomó para sí el auténtico collar de perlas de Marilyn Monroe?”, se preguntó un día el hombre unidimensional. Sabía que nadie debe regalar un collar de perlas a una mujer; hay muchas leyendas sobre ello y no quería poner esas habladurías en boca de nadie. También sabía que no era responsable, pero decenas de personas, amantes secretos de la gran diva, podrían haberlo hurtado. Quiso iluminarse, mas al hacerlo desnudó su condición: una línea recta, y las líneas no pueden encontrar collares, menos de perlas y, menos aún, el de una mujer como Marilyn, que ocupa tantas dimensiones. "Mecachendié", suspiró, “tendré que conformarme con trabajar de hilo dental; rezaré para no terminar mis días entre dos muelas”. Y sus ruegos fueron escuchados. Gata Florida, la nueva estrella del caño jabonoso, lo tomó en sus manos y deslumbrada por el brillo nacarado del hombre unidimensional, exclamó:
—¡Usaré este!

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

Amanecer prehistórico - Luciano Doti & Javier López


El amanecer de ese día fue muy extraño. A él y a todo su grupo de neandertales los había despertado un murmullo. Salieron afuera de su precaria vivienda y un poco más allá divisaron la fuente de ese murmullo: eran hombres, pero diferentes a ellos en lo que respecta a su fisonomía. Además, podían hablar de manera articulada y parecían poseer una habilidad superior para el uso de herramientas.
Los cromañones se convirtieron en sus dioses, con esas finas destrezas que les permitieron una vida más cómoda. Pero pronto aquellos seres cándidos se dieron cuenta de que la posición dominante que les otorgaba a sus visitantes esa inteligencia superior, se volvía contra ellos. Fueron esclavizados y, con el tiempo, exterminados.
Hoy los antropólogos debaten sobre las circunstancias de la desaparición de los neandertales. Es muy sencillo. Tratándose de seres humanos, solo podían sobrevivir los que tenían más mala leche.

Acerca de los autores:

El borrico cojo – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—¡Caramba! —exclamó el señor Quijano Llepe mientras roía su queso manchego añejado en un baúl de cuero—. Parece que tengo visitas. —Y así fue, de hecho, pues apareció un borrico con signos de maltrato, aliento a perro mojado y una pata más corta que el resto—. Y eso, sin contar la oreja caída —completó Quijano.
El borrico rengo se acercó como para recibir comida de él. Quijano le alcanzó una zanahoria y una rama de apio.
—¿No querrá el queso, este borrico desfachatado! —exclamó cuando el asno le tiró un tarascón a su almuerzo—. ¡Ni se te ocurra, bestia del Infierno! El único lugar en el que los borricos comen queso es en los cuentos.
—Esto es un cuento, manchego estúpido —espetó el animal—; ¿crees que en otro sitio frecuentaría a un viejo maloliente como tú?

Sobre los autores:

El jardín - Héctor Ranea & Ada Inés Lerner


Abrimos una ventana de tantas que estaban cerradas y salimos. El jardín, aun tapado por la nieve, se veía descuidado y cochambroso, la alberca con agua podrida. Todo era abandono. Pensar que dentro de casa estábamos tan bien todos estos años y no vimos este desastre. Cuando Perla quiso volver la ventana se cerró, dentro todo se cayó a pedazos. Me miró desconcertada. ¿Qué podía decirle? No hay pasado ni presente, solo futuro. Pero a nuestra edad era difícil que lo comprendiera de modo que sonreí, la tomé del brazo y comenzamos a caminar. Cuando se camina —suelen decir los que saben— la sangre circula, se renueva y surgen nuevas ideas. Y a nosotros que nos habíamos anquilosado en los recuerdos nos hacía falta. Sin percatarnos llegamos a un jardín cuidado y silencioso. En un frente de piedra vimos nuestros nombres: la ventana estaba abierta, Perla necesitaba descansar.

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Héctor Ranea

El momento de la verdad - Sergio Gaut vel Hartman & Javier López


Advertí que, de pronto, el rostro de Merchekovski, que siempre parecía fatigado, como aquejado por una decadente flaccidez aristocrática, mostró una tensión enorme, antes oculta. En sus ojos afloró una obstinación casi fanática y cuando me miró con fijeza sentí un miedo cerval, algo que nunca me había ocurrido. ¿Qué pretendía ese hombre?
Pronto algo interrumpió mis pensamientos: sus colmillos se clavaron con violencia en mi cabeza. Y es que Merchekovski no sólo era un vampiro, cosa que ya había sospechado desde hacía tiempo: era un vampiro zombi. Con ritual parsimonia comenzó a sorber sangre y jugos de mi cerebro. Su rostro comenzó a mutar con cada trago. No pude ver toda la transformación sin desmayarme antes. Ahora siento que estoy a punto de despertar. Temo que lo voy a ver será aún mucho más aterrador que la fijeza de su mirada.

Acerca de los autores: 
Sergio Gaut vel Hartman
Javier López

Exobiología – Héctor Ranea & Ada Inés Lerner


—¿Seguro que le quiere poner aceite?
—¿Por qué lo dice?
—Porque a estas cosas el aceite les cae como el demonio. Se retuercen todas; les duele, creo.
—¿Ya lo probó?
—Cientos de veces. Pero no lo hice yo. Gente como usted que viene y si encuentra uno lo somete al aceite. ¿Lo leyó en algún lado?
—La verdad, no. Ahora que lo dice, no sé por qué lo hago.
—Debe ser que nosotros amamos el aceite.
—Es posible, pero no es mi caso.
—¿Cómo? Espere que llamo a los guardias.
—¿Quiénes son “los guardias”, los biólogos de los xenos? ¿Por qué se meten con los seres vivientes en el vacío del espacio sideral o en las abrasadoras estrellas?
—Prefiero llamarlos sexobiologos ¿puede que tengan que ver con los xenófobos o los sexófobos? ¿Será por eso lo del aceite? ¿Para torturarlos?


Autores:
Héctor Ranea
Ada Inés Lerner

El plato del día - Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti


Julius Finger no podía hacerle entender al cocinero jefe de la nave interestelar terrestre que había arribado al sistema planetario de Tau Ceti, que los nativos no eran comestibles.
—Parecen pavos —argumentó Jean-Pierre Debussy, que hasta el momento de la partida había sido chef principal del famoso restaurante Maxime's de Paris.
—Parecen pavos —le respondió Julius—, pero no son pavos. Tienen una tecnología espacial muy desarrollada y controlan sus naves telepáticamente.
Jean-Pierre aceptó de momento el veredicto de Julius, aunque aún no estaba muy convencido. Siguió observándolos como quien está eligiendo los ingredientes para elaborar el plato del día. Entonces, volvió a la  carga.
—¿Y si sacrificamos uno solo? Para probar.
—Utilizarían sus naves para atacarnos.
—¿Y cómo es que lograron incrementar tanto sus habilidades telepáticas?
—No estoy seguro, pero con alas a modo de extremidades superiores, no les habrá quedado más opción que operar todo con la mente.

Acerca de los autores:
Sergio Gaut vel Hartman
Luciano Doti