domingo, 28 de junio de 2015

Pretérito incorrecto - Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti


En la sombría cabaña, incapaz de desprenderse de un pasado tenebroso y vergonzante, recitó de memoria los nombres de los que había asesinado. Se le ocurrió que recordar era un valor significativo, que podía ser juzgado en positivo si se lo ubicaba en el correspondiente contexto. Pero no pudo evitar el fuerte deseo de repetir lo hecho, aunque todas sus acciones hubieran sido condenadas por la sociedad y sus normas éticas. Así que, ahí estaba él, sentenciado a cometer una y otra vez los mismos crímenes. Sintiendo la culpa y el remordimiento lacerantes por lo que había hecho y seguiría haciendo eternamente. Ese pretérito incorrecto, que se manifestaba en el presente y se proyectaba al futuro, era su merecido infierno.

Acerca de los autores:
Sergio Gaut vel Harman
Luciano Doti

El espacio - Héctor Ranea & Cristian Cano


—Quisiera haber sido el astronauta que salvó a Laika de la muerte. El cura que bendijo a los monos que mandaron al espacio sin retorno, pero que volverían si yo los bendecía. Hubiera querido ser el que salvaba a mi vecina de los ladrones de banco que la tomaron de rehén y mandarlos al espacio con Laika.
—¿Pero no la habías salvado?
—El espacio multiplica las perras como Laika. Hay multitud.
—¿Y qué más? Porque, según me habías dicho, esa dichosa vecinita tuya empezó a emboscar a los perros del barrio.
—Le afectó lo del banco. Pero tengo planes para ella, esta vez no se me escapa.
—¿Y cuáles son si se puede saber?
—Voy a tratar de mandarla al espacio o, en contrapunto, lograr que no se junte con los chinos de la esquina.
—Sos el indicado.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Cristian Cano

Mascota en fuga – José Luis Velarde & Lucila Adela Guzmán


La mascota de Lobsang Rampa salió a dar un paseo en 1961. Harta del escritor que la perseguía día y noche. El hombre anotaba cualquier miau y ronroneo. En la cabecita del siamés las palabras aparecidas vibraban a la altura de los bigotes. Punto sensible y neurálgico en todos los felinos. Una puerta astral como la descrita por Lobsang Rampa en El tercer ojo; la primera novela dictada a Cyril Henry Hoskin hasta constituir un best seller. 
Cyril dejó de ser un inglés del montón gracias al talento de aquella mascota capaz de cambiarle el nombre y volverlo médico del Tibet en dos novelas más. El siamés estaba conforme con las ganancias recibidas por la trilogía complementada por El médico de Lhasa y El cordón de plata. Vivía en un barrio tranquilo y no sentía necesario dictar más libros. Para entonces el tipo era acusado de fraude. Aconsejado por el felino declaró que fue Cyril Henry Hoskin, pero que abandonó esa identidad tras desplomarse de un abeto cuando intentaba retratar a un búho. Inconsciente pudo ver el alma de un monje tibetano llamado Lobsang Rampa. El inglés permitió la entrada del alma vagabunda al cuerpo maltrecho para sobrevivir.
Ahora escribía como Lobsang Rampa, porque en verdad lo era. 
La increíble explicación incrementó la fama del autor y la demanda de libros. Lobsang Rampa se revisaba la frente todos los días para buscar el tercer ojo colocado por la mascota en el texto. Nunca brotó. Lobsang Rampa aún carecía de imaginación y demandaba nuevas historias con gritos y uno que otro golpe. Así que el felino se escabulló por las azoteas como hacen las mascotas que desaparecen, pero el escritorzuelo convirtió aquella huída en un viaje astral.
Consiguió publicar otros libros. Ninguno tan exitoso como los dictados por Fifi Greywhiskers.

Acerca de los autores:
Lucila Adela Guzmán
José Luis Velarde

miércoles, 24 de junio de 2015

Ojos de vidrio - Fernando Andrés Puga & Silvia Milos


Todas las noches, desde el día de la operación, dejo los ojos en la mesa de luz antes de disponerme a dormir. Según el doctor, de no hacerlo veré cosas durante los sueños que él no se atreve a describir. He seguido sus instrucciones a rajatabla, pero hoy, mirando la tele a la hora de la siesta, me adormecí y olvidé cumplir con el ritual. Les cuento lo que soñé, por favor no lo divulguen. Yo no era yo, era otro igual con lo peor de mí, un ser oscuro y violento. Él amenazaba con despertarme y sacarme los ojos. En medio de la pesadilla varias veces manoteé sin éxito al aire para arrancármelos y que acabara. Pero no. Estaba inmóvil. Tenía mi rostro, pero con cuencas vacías. Los ojos le pertenecían, reclamaba. Súbitamente me levanté y cayeron. El estallido de los cristales me despertó. Y quedé ciego.

Acerca de los autores:
Silvia Milos
Fernando Puga

No todo es perfecto - Carlos Enrique Saldívar & Patricia Fabiana Ferrari


Hoy es el mejor día de mi vida. Me han ascendido en mi trabajo, con aumento de sueldo, la mujer que amo ha regresado conmigo, me han avisado que un tío lejano falleció y me ha heredado mucho dinero, el libro que escribí hace años ha sido aceptado por una editorial y lo publicarán, dándome una buena parte del dinero de las ventas. Todo en un solo día. Me dispongo a dormir. Nada arruinará mi alegría. Ni siquiera esta tremenda mancha de sangre sobre mi cama…
Estaba paralizado. Cuando tuve el mínimo de conciencia, extendí mis brazos. Donde debía palpar la suavidad de las sábanas mis dedos percibían la tibieza del líquido espeso. Elevé mis manos, la sangre brotaba de ellas. La misma que derramé en varios capítulos.
Me despertó un beso. Me vestí, subimos al auto y partimos a gran velocidad. No pude llegar a presentar mi novela.

Acerca de los autores:
Carlos Enrique Saldivar
Patricia Fabiana Ferrari

viernes, 19 de junio de 2015

Esperando – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


Celeste tiembla de solo saber que estará ahí la próxima vez que surja la ola. Y la ola vendrá. La primera devastó el Oeste, se lo llevó. Todos escucharon las explosiones de sus altos hornos, los choques entre los techos, el traqueteo gigantesco de los rollos de acero. Los augures anuncian que viene otra ola para el Este y no hay ya reparo posible. Nunca escuchó una ola antes. Dicen que suena como un tren diabólico, que arranca los oídos. Que solo su ruido afloja las paredes, arranca puertas de sus goznes y ablanda la miel hasta convertirla en líquido. Celeste tiembla, y sabe que la ola será incontenible y sus efectos irremediables; sabe que será el final de todo y que lo que siga dependerá de la voluntad del océano infinito, de que el agua decida volver a combinar los elementos básicos para recrear la vida.

Sobre los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

La niebla - Luciano Doti & Lucila Adela Guzmán


Ese día presagiaba algo diferente. Ya desde el amanecer, que se había retrasado más de lo habitual en esa época del año, el sol se ocultaba tras un manto de nubes y niebla, reduciendo el campo visual a solo un par de metros delante de nuestras narices. Estábamos inmersos en una suerte de espacio atemporal y surrealista, en el cual se intuía un acontecimiento inminente. Nuestras voces retumbaban como si el aire estuviese encapsulado y un silencio devastador se apoderó del viento. Nuestros ojos delataban un miedo ancestral y colectivo. No puedo contarles más porque no existen palabras para describir lo ocurrido
¿La inclinación del eje de la tierra?¿El agujero de la capa de ozono?¿Explosión en cadena de todas las bombas atómicas guardadas?
Lo último que recuerdo es mirar hacia el cielo del silencio y quedar aturdido por las trompetas, los ángeles desafinaban tanto que preferí morir.

Acerca de los autores:
Luciano Doti
Lucila Adela Guzmán

Desinspiración – Fernando Andrés Puga & Raquel Sequeiro


Y llegó el día en que se quedó sin palabras. Era un día gris, de esos que en otoño nos arrugan el alma. Sentado frente al teclado como cada mañana, se dispuso a plasmar sobre la blanca superficie que tenía frente a sí las ideas que surgían en su cabeza. Lo primero que escribió fue: "sctdwawmdet". Pero esto no significa nada, se dijo. Probó de nuevo: "qwdzmmitdp". ¡Vaya, vaya! ¿Qué es lo que está pasando? Cuando le sucedió por tercera vez, la vencida, optó por cerrar la notebook y salir a despejarse un poco. Saludó a su vecina: “swtsmdtzme”, y al perro de su vecina (“btidtpdzimmt”). Algo pasa, pensó, pero no logró descifrar el qué.

Acerca de los autores:
Raquel Sequeiro
Fernando Andrés Puga

La abstracción – Ana Caliyuri & Carlos Enrique Saldivar


Habrá que callar al amanecer, pensé. Siempre tuve la inconsciente certeza de que los sueños más dulces se hilaban al alba. Caminé en desmedro de lo ya pisado con la conciencia plena de hacer añicos aquello inservible. Cristopher Cannes me miró con curiosidad: pocos sobre el planeta Centilius mataban abstracciones. Yo no tengo experiencia en la materia, mas estoy decidida a asesinar la última ilusión, la que se empeña en semejarse a un barrilete sin sostén. Resulta ser escurridiza, pero cae en mi trampa letal. Solo debo desintegrarla con mi láser. Ella me mira, con tristeza, es demasiado bella; me arrepiento y la dejo libre, aunque está mortalmente herida. Cual cometa surca el cielo, adoptando colores imposibles. La observo alejarse silenciosa. Cristopher Cannes me lo había advertido: «La abstracción provoca tal efecto». Quisiera ser como ella, pero solo soy un funesto humano que contempla una aurora llena de desolación.

Acerca de los autores:

martes, 16 de junio de 2015

Vida interior - Fernando Andrés Puga & Raquel Sequeiro


Le recorro los labios con mis pasos cortitos, ligeritos. Busco la fisura que me permita el ingreso a la oscura oquedad de su boca, pero la rigidez impide separarle los labios. Giro. Voy y vengo por el camino rojo que va palideciendo hasta hacerse morado y que se desinfla después del pinchazo que doy con mi aguijón. Se abre la compuerta. En el intento terrorífico de no quedar atrapado me fijo en los números del sello que hay en la puerta, si no los recuerdo todos no podré volver. El aguijón se me cae a pedazos, llego cuando casi no tengo oxígeno y observo el corazón latir. Unos cuantos arreglos de soporte al ser de inteligencia artificial y el ciclo vital está completado. QI (flujo vital de energía): 3000 trillones; injerto en válvula izquierda. Informe del  insecto máquina Herb. Está muy oscuro. 3456836549365456, no era. 2347689045637289, tampoco...

Acerca de los autores:
Raquel Sequeiro
Fernando Andrés Puga

Lo inconfesable – Ada Inés Lerner & Lucía Amanda Coria


—Dentro de mi mente hay otro mundo, está dentro de mí, oculto tras una suerte de fantasías y sueños que lo disfrazan, porque ese otro mundo desciende a lo más tenebroso, donde crímenes y aberraciones, pecados inconfesables se debaten. Nadie ha podido adivinar mis verdaderas intensiones, porque hay un guardián inmortal que no les permite ver la luz. Por ejemplo si yo pudiera burlarlo, lo haría.
El confesor se aburría a más no poder. Siempre la misma lata. La misma retahíla de fantasías ñoñas. Nunca una feligresa que supiera pecar como la gente.
El soplido flamígero en su oreja izquierda despabiló al cura y un olor a quemado invadió el confesionario. Una suerte de lucha lo mantuvo en silencio por un rato.
—Un exorcismo —dijo al fin—. Esta noche, después de las veinticuatro…

Acerca de las autoras:
Ada Inés Lerner 
Lucía Amanda Coria

domingo, 14 de junio de 2015

Bilocación – Luciano Doti & Rolando José di Lorenzo


—Dicen que los extraterrestres están hace mucho tiempo aquí en la Tierra.
—Dicen tantas cosas… ¿A qué viene ese comentario?
—¿Viste Jorge, nuestro compañero, que el lunes no faltó, estuvo las ocho horas con nosotros?
—Sí, ¿qué tiene?
—Mi mujer lo vio a la misma hora en el centro, caminando en las inmediaciones de la Secretaría de Inteligencia. La capacidad de estar en dos lugares al mismo tiempo se conoce como bilocación.
—Pará, no seas paranoico, sería uno muy parecido…
—Se infiltran en los organismos de inteligencia de todos los países para controlarnos.
—Pero ¿cómo puede ser Jorge un extraterrestre?
—No sé si él particularmente lo es, o los extraterrestres son replicadores de cuerpos. Capaz que lo copiaron.
—¿También eso… copiones? Me parece que tenés una mala imagen de los aliens —gritó Cacho, ofuscado y agresivo.
—Che, no es para tanto, ni que fueras uno de ellos —solté con toda mi gracia, que parece que no fue tanto, porque Cacho se puso de pie y tomándome por las solapas me gruñó al oído: 
—¡Y si fuera, ¿qué?! O acaso creés que ustedes son los mejores… los reyes del espacio, los únicos seres de la creación; me tienen podrido. 
No podía dar crédito a mis oídos, ¿Cacho era un extraterrestre? No, no puede ser si es mi amigo de toda la vida. Se me cortaron los pensamientos cuando lo vi llorando desconsoladamente diciendo: 
—¡Siempre nos discriminaron… Nunca nos amaron… nunca! ¡Son y serán unos salvajes!

Acerca de los autores:
Luciano Doti
Rolando José di Lorenzo

sábado, 13 de junio de 2015

La Ragnaroch - Cristian Cano & Javier López


Retiró la aguja del brazo de Marcel y éste dio un respingo. Ansiosa, la volvió introducir en otro frasco. El líquido impresionaba. Palpó la vena observándolo cara a cara, hasta que la hipodérmica rompió las tres túnicas y el lumen, ingresando en el torrente sanguíneo. Una esfera blanca y cárnica que abarcó toda la panorámica, giró y enseñó el grotesco dilatar de su pupila. Ragnaroch retrocedió. La piel de Marcel se tornaba camaleónica. Y no era éste su único rasgo reptiliano. Piel con escamas, dedos con garras y una lengua rapidísima. La que iba a desenrollar como un látigo, atrapando a la infortunada Ragnaroch para tragarla como si fuera una mosca. La madre de Marcel, que entraba en ese momento en la sala, gritó aterrorizada. Ahora comprendía que nunca debió permitir que sus hijos invitaran a los amigos al laboratorio. Y, menos aún, convertirlo en una habitación de juegos.

Acerca de los autores:
Cristian Cano
Javier López

El plagio del juez – Ada Inés Lerner & Raquel Sequeiro


Mijael Oh, crítico literario de la Editorial Ibrahim que convoca, está preso en La Isla. El juez del caso presentó una novela a concurso que, según Oh se basa en historias apócrifas del texto hebreo arameo del Tanaj. El juez Roggio dice que la trama de su novela es falsa y que el crítico miente. Agrega que él no sabe leer hebreo arameo, mal podría haberlo plagiado. La noticia toma lugar en los medios periodísticos, en las redes y por supuesto en los círculos literarios. Mijael está preso en La Isla, con la falsa novela del juez por compañía.
—¿Por qué falsa? —pregunta su compañero de celda.
—Ni yo lo sé —responde Mijael—…para defenderse de mi acusación y confundirnos.
Una cámara suscita su atención: están siendo grabados. Yamnia, la periodista, se queja del frío que hace en todas las habitaciones.

Acerca de las autoras:
Ada Inés Lerner

miércoles, 10 de junio de 2015

Un sucio trapo rojo - Saurio & Sergio Gaut vel Hartman


Es un lugar común en el discurso de la extrema derecha decir que los desaparecidos no están muertos. En mi caso, eso es verdad. No estoy muerto, pero tampoco estoy vivo. Es que, además de un desaparecido, soy un vampiro. No, no ando con capa chupándole la sangre a voluptuosas doncellas, ni tengo un aspecto lánguido e intrigante, eso es un lugar común y ya me alcanza con ser el lugar común de los fachos. Pero ser un vampiro desaparecido tiene sus bemoles, ya que el tema, desde un punto de vista matemático, suena como “menos por menos es igual a más”. Soy un desaparecido porque me “chuparon” durante la dictadura. Soy vampiro porque lo eran mi papá, mi abuelo y así hasta el infinito. Los camaradas me ungieron Secretario General del Partido porque vieron que mi pañuelo es un trapo rojo. Y yo no sé decir que no.

Los Autores:
Saurio
Sergio Gaut vel Hartman

La gran muralla - Alejandro Bentivoglio & Carlos Enrique Saldivar


Se suponía que nos íbamos a juntar en el medio, pero cuando quisimos darnos cuenta, nos percatamos de que la muralla no venía bien y que tendríamos que dar una larga voltereta para unir los pedazos.
—Lee, esto es tu culpa —protestó Huan, el encargado de la muralla norte.
—Vos calculaste mal —dije yo, el encargado de la muralla sur—. Cada uno debía construir su mitad según el plan. Pero tuviste que hacerte el experimental.
—¡Sólo quise darle un poco de variedad! Si no, hubiera sido solo una pared muy alta.
Ambos miramos a nuestros costados y nos vimos a nosotros mismos acercándonos con dos nuevos trozos de la muralla, desde el este y el oeste.
—¿Qué significa esto? —les pregunté. Y no supe qué responderme.
De arriba y de abajo aparecían nuevas partes de la fortificación.
«Construir una muralla en este planeta será más que complicado», pensé.

Acerca de los autores:
Alejandro Bentivoglio
Carlos Enrique Saldívar

domingo, 7 de junio de 2015

El Purgatorio - Ada Inés Lerner & Luciano Doti


Alejado del grupo de condenados, Teófilo B. cuya identidad no volveremos a mencionar, se acodó en la baranda mientras miraba las riberas opuestas. Era inconsciente de que, por su soberbia, iba a ser trasladado hacia el AntePurgatorio en cuya puerta se encuentra Catón. "¿Qué hago si el lanchero me deja en otra puerta, si se equivoca? Yo no sé cómo reconocerla". Era un recién llegado a la región junto con otras gentes, algunas groseras y mal vestidas, todas al igual que él aguardando su sino.
Tras esperar un rato, abordó la lancha que lo conduciría a la puerta correcta, la que tenía que ser, la misma que merecían esas gentes que un momento antes su soberbia le había hecho juzgar groseras y mal vestidas.
Dios no juega dados y nadie escapa a su destino. Ahora era consciente de eso.
Además, un lanchero tan avezado como ése jamás comete errores.

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Luciano Doti

Ondas invisibles - Sergio Gaut vel Hartman & Maritza Álvarez


La mente de Gurris fluctuaba entre los deseos insatisfechos del pasado y la frustración anticipada por lo que no lograría completar en el futuro. Ahora, renacido por obra y gracia de la tecnología, veía bailar los fosfenos delante de sus ojos mientras intentaba ordenar las imágenes que se agolpaban en las puertas de su percepción. Pero nada de eso servía; las situaciones que había dejado atrás volvían a su mente una y otra vez. ¿Cuál sería la utilidad de volver a vivir si siempre retornaba al mismo punto? Por un momento imaginó que debía ser la ira de Dios, porque él había muerto y no pidió volver. Le ordenó a su mente que dejara de funcionar y reclamó el cese de todos los movimientos. No quiero vivir así, reflexionó; soy mi propio dueño y si me declaro muerto no valdrá la voluntad de los demás. En ese monólogo interno se encontraba cuando de pronto apareció un ser alado, metálico, y a todas luces artificial que, mirándolo fijamente, le dijo:
—Acepte esta segunda oportunidad y vea qué puede aprovechar.
—¿Un ángel producido por la tecnología? —Por primera vez desde la resurrección sintió unos deseos irrefrenables de reír.
—No soy un ángel —se defendió el ser alado.
—No lo es; es mucho peor, un engendro, un monstruo de Frankenstein cibernético.
—¿Entonces? —murmuró la criatura, perpleja.
—Entonces decido vivir. Hay que preservar a los seres vivos de aberraciones como usted.

Acerca de los autores:
Maritza Álvarez
Sergio Gaut vel Hartman

En el siglo venidero - Raquel Sequeiro & Cristian Cano


Y la adolescente victoriana dejó ver un trocito de su cuello, el escote que languidecía y suspiraba de amor y congoja y la dejaba embarullada de amor y de celos. Su enamorado estaba en la ventana con la criada. Supuso, viéndolo todo desde el jardín, que esos eran los idilios secretos del marqués, no tan secretos puesto que ella los veía y... El padre interrumpió sus pensamientos. Llegó a caballo, con el perfecto traje de montar de un ilustre mayordomo y la sacó de sus ensoñaciones. El visitante del piso de arriba estaba al salir y ella decidió esperarlo porque el reparo de su padre únicamente confirmó lo que ella tanto deseaba: nunca pensaba en los sinsabores y estaba dispuesta a irse con su fugitivo mental. Mojó su pelo en la fuente. El marqués siempre se imaginó que ella tardaba una eternidad en limpiarla.

Acerca de los autores:
Cristian Cano
Raquel Sequeiro

jueves, 4 de junio de 2015

Demasiada risa – Carlos Enrique Saldívar & Ana Caliyuri


Estoy en la calle y tengo deseos de reír. No sé cómo ni por qué. Me río de todo y de todos; avanzo por la avenida, tambaleando, sin poder controlar mis estridentes carcajadas. Tan poderosamente me mato de risa que siento a mis entrañas a punto de salirse.
Unos pandilleros ofendidos me rodean y uno de ellos me dice: «¿De qué te ríes, huevón?».
Señalo con mi dedo aquella cara de rata y me río más fuerte que nunca. El tipo visiblemente molesto comienza a apretar con sus dos manos mi garganta. A punto de expirar saco fuerzas de los recuerdos de mi historia genética ancestral. Zafo de la opresión; siento extenderse mis dos colmillos, se los clavo en la yugular. Un hilo de sangre completa el cuadro. Me mira desorbitado y comienza a reír a carcajadas, no sabe bien cómo, pero ahora sí él conoce el por qué.


Acerca de los Autores:
Ana Caliyuri
Carlos Enrique Saldívar

¿Accidental o incidental? – Sergio Gaut vel Hartman & Ana María Caillet Bois



Aplastar la cucaracha con una piedra desencadenó unos eventos de naturaleza indescriptible, o que yo no logro describir con propiedad.
—¡Mataste a Samsa! —chilló Marlene, que había estado leyendo La Metamorfosis de Kafka esa misma tarde.
—¿Estás loca? El personaje de Kafka es un escarabajo.
—Escarabajo, cucaracha, ¿qué importa? —insistió ella, cada vez más exaltada—. Lo mataste.
Levanté la piedra con cuidado y le mostré el producto de mi acción: una pasta blancuzca con vetas marrones.
—No es Samsa.
Pero en ese mismo momento, ignoro si como consecuencia de lo anterior o por puro azar, en el patio se materializó el escritor. Flaco, de grandes orejas y mirada triste, señaló la cucaracha muerta y dijo:
—Usted asesinó a Gregor.
Quedamos atónitos, Marlene lloraba, de susto y de emoción. Ver a Kafka ya era un sueño cumplido. En cambio yo, del bochorno, no podía levantar la cabeza. Luego, poco a poco, fui alzándola y me enfrenté a él, al maestro.
—Yo solo aplasté una cucaracha, no me puede cargar con un cadáver, y… solo es un bicho feo y desagradable.
—¿Has dicho desagradable? Si es hasta delicado, el pobre, acostumbrado a la discriminación, esto lo debe tomar como un piropo. Usted se olvida del sufrimiento de Samsa por ser diferente. Desde la metamorfosis no existió más ni para su propia madre.
Marlene tenía los ojos desorbitados mirando el movimiento de la piedra, y confieso que yo también, en especial cuando se levantó Gregor, abrazó a Kafka y salieron caminando muy tranquilos.
—Ya verá, maestro —comentó Samsa—, dominaremos el mundo.

Acerca de los autores:
Ana María Caillet Bois
Sergio Gaut vel Hartman

La última jugada - Alejandro Bentivoglio & Maru Alzugaray


El rey estaba sitiado, el jaque mate era inminente. Así que Arnoldo sacó el revólver y se dispuso a defender su posición hasta las últimas consecuencias. Alfredo, por su parte, no se quedó atrás y empuño su pistola con firmeza. Estaba decidido a tomar la plaza enemiga aunque corriera sangre. El público se mantenía expectante mientras los dos hombres se apuntaban por encima del tablero. No había temblor en las manos ni pestañeo leve que hiciera dudar. El antagonismo entre ambos venía desde hacía mucho y ninguno iba a ceder terreno. Súbitamente, el cielo se volvió negro y un consumado temporal se desplomó sobre el juego. Las piezas del ajedrez corrieron buscando refugio al granizo que los golpeaba como las balas de un revólver. “Menos mal, pensó el árbitro. Esto del ajedrez humano se está poniendo peligroso. Vamos a tener que buscar otro juego para entretenernos”.

Acerca de los autores:
Alejandro Bentivoglio
Maru Alzugaray

lunes, 1 de junio de 2015

Objetos en el aire – Betina Goransky & Sergio Gaut vel Hartman



Al finalizar cada sesión, el terapeuta se daba diez minutos para calzarse los anteojos de visualizar traumas y conflictos y seleccionaba los resabios materiales que quedaban adosados al sillón, la lámpara y el gomero. Los rastros más interesantes, sin embargo, eran las fantasías sexuales que los pacientes no se animaban a contarle; esos se ocultaban detrás del Manual Ilustrado de Terapia Sexual de Helen Kaplan. Una vez a la semana, el terapeuta los juntaba, los metía en una bolsa, y se los regalaba al dueño del sex shop de la esquina.

Acerca de los autores:

La magia del rubí radiactivo – Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio


He perdido muchas cosas en la vida. Mi familia. Mi novia. Mi casa. Solo me queda la vida y lo que llevo puesto. Camino sin rumbo, intentando sobrevivir; los demás son crueles conmigo, me dan únicamente migajas a cambio de trabajo pesado. Les odio. Me detesto a mí mismo por ser un incapaz. Sin embargo, mi suerte cambiaría. Surge una luz en la arena, es una joya que me llena de una vitalidad asombrosa. Mis capacidades se multiplican. Siento la imperiosa necesidad de ponerme una capa y unas calzas llamativas, de salvar gente en problemas, de ser reconocido y amado por la humanidad que antes despreciaba. Ser un superhéroe.
Pero primero, utilizaré mi don de invisibilidad para visitar las duchas de todas las mujeres de este miserable mundo que hasta la decencia me ha robado.

Acerca de los autores:
Alejandro Bentivoglio

El tío loco - Fernando Andrés Puga & Luciano Doti


—Da lástima, che. Confunde los nombres, se tira pedos, tiene la mirada pérdida. Desde que regresó está así... Yo le pregunto, sí. Lo intenté de mil maneras, pero no hay caso. No logro descubrir qué fue lo que le pasó... Divaga. Habla de una nave espacial, de un hombrecito verde que le sonríe y lo invita subir, y no sé qué otros disparates... Yo no sé. Creo que tendremos que ir a averiguar por nosotros mismos.
Juan escuchó lo que su sobrino le decía a un amigo, harto de que sus explicaciones fueran tomadas como disparates. Lo mejor sería que ellos vivieran lo que él.
Esa noche, ambos fueron a averiguar. Luego, una luz, la nave y una curiosidad más fuerte que el miedo.
Ahora, son tres los que divagan. Hay momentos en que quedan catatónicos y reciben mensajes telepáticos anunciándoles que muy pronto los alienígenas estarán aquí.

Acerca de los autores:
Fernando Andrés Puga
Luciano Doti