jueves, 30 de julio de 2015

Me parece que no – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—¡Oh! ¿De nuevo usted por acá? Creí que con su nuevo sueño podría estar tranquilo por un tiempo más largo. ¿Pasó algo? A decir verdad, lo veo pálido, hombre. Muy pálido, si me permite.
—Siempre tan obsequioso, usted. Pero nunca tan falso como ahora, le digo. Usted sabía que vendría, y pronto.
—No sé a qué se refiere. ¿El sueño no funcionó, acaso?
—¿Su sueño? ¡Puro humo, nada! No funcionó para nada.
—Mire que le ofrecí sueños. Podría soñar con ser un gran escalador de montañas, o con nadar más lejos que los arenques, no escribir los poemas de Shakespeare y que nadie se diera cuenta. Pero usted quiso soñar...
—Sí, ni me lo recuerde. Quise soñar con visitar los lugares de Dublin narrados en el Ulysses y me perdí en la quinta página.
—Al menos conoció a la lechera, diga. Mis sueños no son como los ríos. Perdón... quise decir los sueños que le vendo, entiéndame.
—Sí, lo entiendo, pero igual, creo que sus sueños son chatarra, son inservibles. ¿Cómo pude perderme en Dublin en la quinta página, hombre! Un fiasco, eso es lo que fue. Menudo papelón con mi amante.
—Le puedo ofrecer un sueño reparador, si con eso se calma. No le cargo nada a su cuenta, pero le recuerdo que...
—Ya sé, le debo tres. ¿Nunca le dije que plagiar a Borges me salió perfecto? Me pagaron bien: dos revólveres y un cuchillo alemán auténtico. Si quiere, saldo mi deuda en especies.
—¿Sueño con cuchillos? ¿No le dieron cocodrilos para las lágrimas?
—¡Qué va! Con el sueño de la llorona me dieron una gema en forma de puñal, que nunca me sirvió, a decir verdad. ¿Por qué pagan siempre con armas en este negocio? ¿Sabe lo que me cuesta canjearlas por huevos y otras cosas que necesito?
—Me extraña que diga algo así. Las armas son vehículos que conducen a cualquier parte. ¿Quién se resiste al poder de un arma? Con un cuchillo bien pasado se puede desviar un avión...
—Y con un misil se puede desviar un Sputnik. ¡Pobre Laika! ¿Puede dejar de decir estupideces? Por un rato, digo.
—De acuerdo; concretemos. ¿Quiere soñar con su amante, en medio de la trama modificada de Finnegans Wake? Le ofrezco dos polvos gloriosos y un despertar tan vívido que no solo creerá haber estado allí sino que, al abrir la página 24 de la novela, se encontrará haciendo lo mismo que hizo en el sueño.
—Espere, no me tome el pelo. Una cosa es que venda sueños chamuscados y otra que logre modificar la realidad escrita y consolidada por Joyce.
—De Joyce, de Murakami, de Laiseca, de Bradbury. Elija la que quiera. ¿Se acuerda de la página 302 de El Evangelio Según Jesucristo de Saramago, cuando dice “Tú eres el Señor, siempre estás llevándote de nosotros las vidas que nos das”. Bien. El Señor ese soy yo. Antes de que lo soñara decía otra cosa.
—¿Habla en serio?
—Que me muera acá mismo, como decía mi abuela Guillerma.
—Entonces démelo. Dijo que era sin cargo, ¿no?
—Absolutamente.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

Regreso - Fernando Andrés Puga & Luciano Doti


—¿Venís?
—Sí, claro. ¿Cómo no voy a ir?
—Bueno. Entonces apurate ¿querés?
—Sí, sí. Ya voy. ¿Por qué tanto apuro, che?
—¿Te imaginás si llega y no estamos ahí para abrazarlo? Creo que no nos lo perdonaría.
—¡No seas dramática! Además falta como una hora para que aterrice. Tiene que esperar el equipaje... Pasar por la aduana...
—¿Y si se adelanta?
—¡Mirá que sos, eh! ¡Eso nunca pasa!
—Siempre hay una primera vez. ¡Dale, apurate!
—¡Ufa! ¡Qué pesada! Esperá que voy al baño y salimos.
Ya en el auto, de camino a la estación aérea, iban contemplando todo aún azorados. Es que no terminaban de acostumbrarse a los nuevos tiempos.
—¿Te acordás lo que era esto cuando nos casamos? ¿Quién hubiera dicho que viviríamos para ver algo así?
—Y… sí, ¿quién hubiera dicho que hoy tendríamos un hijo que regresa de un viaje a otro planeta?

Acerca de los autores:

Por siempre - Alejandro Bentivoglio & Carlos Enrique Saldivar


Voy a vivir por siempre. Y los que quieren matarme van a sentirse muy decepcionados cuando ellos sean viejos y yo esté ahí todavía. Paseándome frente a sus casas y mostrándoles todo lo vivo que estoy. Me arrojarán lo que tengan a mano, incluso puede que me disparen. Pero eso solo hará que me burle aún más. Que los espere en sus paseos de geriátrico para quitarles los bastones y, si estoy de humor, golpearlos con ellos. Nunca moriré, no solo soy inmortal, sino también invulnerable. Veré el crepúsculo del mundo en primera y única fila.
Sin embargo, a veces surgen pensamientos que me fastidian. ¿Será la vida eterna lo mejor? ¿Vale la pena existir para siempre en este mundo? Muchas dudas. Muchos nervios.
Ahora vivo triste, desganado, tomando pastillas, temblando ante el absurdo porvenir mientras los demás envejecen felices y se ríen a pierna suelta de mi desdicha.

Sobre los autores:
Alejandro Bentivoglio

domingo, 26 de julio de 2015

Expedición - Daniel Alcoba & Raquel Sequeiro


Tomamos el camino más largo, ese que no nos llevaba a ninguna parte. Lo hicimos con mucho aparato. Y con arte existencial, dicen los autocomplacientes. Solo se trataba de ferocidad narcisista, sin arte ni valor alguno, replican los negadores. Sea como fuere, llegamos hasta el centro del mar interior donde se yergue el cárdeno glaciar tan grande y elevado que es el mundo nuestro.
Ascendimos hasta la cresta militar de la montaña de hielo y allí, los que emprendiéramos el camino tallamos un hogar en el hielo, para que ardiera en su interior un brasero donde quemar sahumerios. Y en cantos y danzas se nos pasó el tiempo, se deslizó el glaciar, derritiéndose, dejándonos naúfragos,en un nuevo océano. Nuuestra barca se deslizaba hacia la calidez de tierras extrañas, de vegetación omnívora y seres grandilocuentes y juguetones.
—Láncenle un palo —dijo alguien. El envés de las hojas era rojo.


Acerca de los autores:
Daniel Alcoba
Raquel Sequeiro

Habló la momia – Héctor Ranea & Javier López


—¡Me caigo y me levanto! —exclamó el flaco Vermú—. ¡Ahora entiendo todo! ¿El tipo la protegió desde atrás, apretándola contra la columna? ¿Y estaba la momia queriendo matarlos?
—¡Claro, es así! —dijo el crespudo Balmia—. Por eso ella le pega cuando la momia se raja. Flor de cachetada le pega.
Y en eso estaban, en el bar de siempre, cuando apareció la momia.
—¿Pero qué están rumiando, par de patanes? —gruñó con evidente gesto de desagrado.
—Eso… realmente me lo contaron, pero fue así —dijo, nervioso, Balmia.
—¡Habladurías, leyendas urbanas! Soy un accidentado cubierto de vendas. ¡Quemaduras! ¡Camarero, otra ronda, que estos idiotas me han caído bien!
Mientras el camarero les servía con estupor, varios golpes certeros dejaron en el suelo al flaco y al crespudo.
—¿Qué miras? ¡Pon esas bebidas en una jarra! ¿No querrás que mi comida se enfríe esperando acá abajo? —habló la momia.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Javier López

miércoles, 22 de julio de 2015

El bosque ajeno – Sergio Gaut vel Hartman & Daniel Antokoletz


El sendero serpenteaba a través del bosque como si se tratara de una culebra que se desliza entre los árboles. Tras caminar unos quince minutos, Maya llegó a un cruce transversal y se vio en la necesidad de elegir: derecha o izquierda. Mientras dudaba, alcanzó a divisar un impreciso conjunto de bastidores que se erguían, arrogantes, a un costado del camino, como si aquellas estructuras pertenecieran a una arquitectura concebida en otro lado, otra dimensión. Caminó hacia ellos aunque sabía que era una mala idea. Frente a la extraña estructura, vio entre brumas un portal que le franqueaba el paso. Del otro lado, la atrajo un bosque ajeno, de extraños árboles retorcidos. Cruzó buscando un espacio para pasar entre ellos, pero ya era tarde: sus pies se hundieron, se le endureció el cuerpo, sus brazos se retorcieron. Entre la bruma, el bosque hizo alarde de su nuevo prisionero.

Acerca de los autores:

Lo que creemos – Alejandro Bentivoglio & Carlos Enrique Saldivar


—Los fantasmas no existen —dijo el escéptico—. No existe ninguna prueba científica que avale la existencia de algo después del fin de la vida tal como la conocemos. Son puras imaginaciones o simples historias de mitómanos.
—Yo lo entiendo, perfectamente —replicó el fantasma—. Pero, ¿qué me dice de los gnomos? ¿No le parece un peligro construir pequeñas figuritas para nuestros jardines o, en mi caso, para mi tumba en el cementerio?
—Los gnomos son solo eso, figuras en los jardines, nada más. Objetos inanimados que no pueden lastimar a nadie.
—Mire, le presento al gnomo que estaba junto a mi lápida.
—Hola —le dijo el gnomo al escéptico—. ¿Ahora cree?
—Hola. Por supuesto que no, para mí, usted solo es un viejito enano que no puede hacer nada extraordinario.
El gnomo usó su magia para hacerlos flotar a todos en el aire e insistió:
—¿Y ahora, usted, cree?
—No —dijo el escéptico—. Obviamente estás usando la tecnología para realizar este truco. A mí no me engaña nadie. Ahora, déjenme tranquilo, debo irme a casa.
—Pero usted vive lejos —comentó el fantasma—, y muy pronto va a amanecer.
—¿Y qué?
—Pues que usted es un vampiro. Y cuando los rayos del Sol atrapan a un chupasangre…
—¡No soy un vampiro! ¡Y tú no eres un fantasma! ¡Y tú no eres un gnomo! ¡Somos personas normales! ¡Yo soy un ser humano común y corriente! —Y se marchó.
Minutos después un resplandor, un horrendo chillido, humo y cenizas.
Luego, nada.
El fantasma y el gnomo retornaron, riendo, al mundo de las sombras al cual pertenecían.

Sobre los autores:
Alejandor Bentivoglio
Carlos Enrique Saldivar

El pionero - Luciano Doti & Ana Caliyuri


Ese ser exótico había vivido durante siglos en las profundidades más recónditas del océano. La marea lo trajo hasta aquí y el oleaje lo arrojó a nuestras playas. Así, sin desearlo, emergió de las aguas y se dio cuenta de que podía respirar en un mundo desconocido para él. Era el primero de su especie que entraba en contacto con los humanos. Supuso que serían similares a él; recostado sobre una roca observó el movimiento de algunos humanos sobre una gran barca: estaban despellejando sin piedad ni compasión a cientos de ballenas; los sonidos de los animales, conocidos para él, lo dejaron en estado de alerta. Arrastró su cuerpo transparente con dificultad y se dirigió hacia el faro. En su camino halló restos humanos siendo mascados por aves de carroña; siguió arrastrándose hacia donde provenía esa luz. En cualquier tiempo y para cualquier especie la oscuridad es un abismo.

Acerca de los autores:
Luciano Doti
Ana Caliyuri

sábado, 18 de julio de 2015

Sexo, drogas y valsecitos criollos - Daniel Frini & Sergio Gaut vel Hartman


La pulpera de Santa Lucía era considerada una ninfómana incorregible. Todas las noches iban a verla paisanos de diez leguas a la redonda. ¡Hasta de Areco, venían! Era común encontrar más de cincuenta hombres curtidos en las rudas labores del campo (los que más le gustaban a ella) viéndola bailar sobre el mostrador de estaño, en el palo enjabonado, arriba de las mesas. Luego, los hombres desfilaban por su pieza hasta que el canto del gallo anunciaba los cinco últimos turnos. Era claro para todos que tan maratónicas y rabiosas sesiones no podían ser soportadas sin usar alguna ayuda. Y así era. La pulpera era adicta a tres cosas: sexo, valsecitos criollos y mate amargo. Pero todo cambió cuando la pastillita azul llegó a los campos bonaerenses con los sojeros y los pules. Así no se puede, protestó la pulpera; si no implementan el control antidoping, me retiro.

Acerca de los autores:
Daniel Frini
Sergio Gaut vel Hartman

Juego duro - Daniel Alcoba & Lucila Adela Guzmán


El lateral derecho pateó un centro insidioso, alto; cambió el juego al flanco izquierdo. La pelota buscaba al delantero más escurridizo y eficaz, un kurdo lagartija. El balón se elevó a la altura de la muralla de seguridad. Y entonces vimos el misil de crucero descender hacia nosotros. A unos mil quinientos metros de altura estalló como una flor, o más bien como una piñata, que activó una docena de misiles más pequeños, cada uno de los cuales buscó su blanco: las garitas de los centinelas, las antenas de comunicaciones, el acuartelamiento de la guardia armada del penal... Nosotros seguimos jugando, corriendo tras la pelota como si en ello se nos fuera la vida. El partido se había puesto jugoso, gambetear sorteando los cadáveres enemigos le había dado al evento un toque especial, hasta que las vísceras amontonadas nos incomodaron y no tuvimos más remedio que suspender... ¡Maldita guerra!

Acerca de los autores:
Daniel Alcoba
Lucila Adela Guzmán

En el viejo país del viento - Raquel Sequeiro & Carlos Enrique Saldívar


En la fragua de Macinger Tan había dos baúles. Uno de ellos contenía las más hermosas tentaciones de la creación, el otro, los más afamados males. Cuando ardieron ambos y se evaporaron, mezclándose con la gente como un hálito, el mundo dejó de ser un lugar seguro. En el país del viento, donde se originó tal desbarajuste, los contenidos de ambos baúles se fusionaron a la perfección, cosa que no ocurrió en el resto del globo, donde los bienes y los males no se distribuyeron de forma equitativa. Es decir, en el país del viento todo es bueno y malo a la vez, esto confunde a los ciudadanos, los cuales se resguardan en sus casas, en bosques y otros lares, temerosos de ellos mismos y de quienes les rodean. 
En aquel sitio Dios posee cuernos, rabo y tridente, y Satanás realiza de vez en cuando alguna obra de caridad.

Acerca de los autores: 


martes, 14 de julio de 2015

Mariposas nocturnas frustradas – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—Las mariposas nocturnas —dijo el profesor Malibés en su clase inaugural de la cátedra de “lepidópteros mutantes I”— tienen magnetismo inducido por las luces. Algunos autores aseguran que antiguamente las velas de grasa daban, como producto de combustión, ciertas sustancias similares a feromonas, pero las mariposas aprendieron, por mutaciones sucesivas, que en toda luz podía haber oportunidades de procreación y se acercan, en consecuencia. No es magnetismo, es aprendizaje. Yo, en cambio —agregó con voz misteriosa— trabajo sobre la hipótesis de que es un suicidio. Y que las actuales luces frías lo frustran. Es por eso que he llegado a una conclusión aterradora y definitiva: la frustración de las mariposas nocturnas, sumado al descenso de su índice de mortalidad, producirá una catástrofe de proporciones planetarias. Las nubes de lepidópteros taparán la luz solar y toda la vida desaparecerá de la superficie de la Tierra.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

El pacto - Cristian Cano & Ana Caliyuri


Doce monedas de un material exótico cayeron sobre la mesa. Cuando detuvieron su movimiento los rostros en relieve de un ser mucho más inquietante fueron evidentes. El reptiliano me observó e inmediatamente supe sus intenciones: agonizaba y esas piezas ancestrales eran su única manera de sobrevivir a sus perseguidores. Sin mover un músculo del rostro dio media vuelta y desapareció. Las monedas empezaron a brillar y se fundieron en una pieza única, blindada, categórica, herméticamente dispuesta a la espera de la barca que las rescatase (como a mí) de este putrefacto lugar llamado Hades. A gran distancia, en otra orilla del infierno, se deslizaban similares monedas hasta colarse en el firmamento. Desde la altura, ellas nos fisgoneaban amarillentas. No todas las estrellas son sanctas ni todas cumplen con el pacto de vivir eternas. El reptiliano, visiblemente iluminado, ardía como un astro nuevo.

Acerca de los autores:
Cristian Cano
Ana Caliyuri

viernes, 10 de julio de 2015

Ruidos - Alejandro Bentivoglio & Fernando Andrés Puga


Los sonidos me impacientan. Especialmente los pájaros con sus alaridos destemplados cuando me levanto a la mañana, o a la tarde. O incluso a la noche. También los ruidos de las conversaciones. Los pasos que se perciben en cualquier parte de la calle. El rumor de los automóviles. El siseo casi imperceptible de mi respiración que apenas si me deja dormir en paz.
Y viene siendo así desde hace un tiempo. Sospecho que desde el instante en que se quebró mi voz la noche del estreno.
Acá, sumergido en la bañera, se suavizan los estruendos. Oigo un lejano arrullo amortiguado por el agua que me invita a cantar otra vez. Abro la boca para entonar el aria interrumpida aquel aciago día y se inundan de a poco mis pulmones. Se irá por el desagüe mi canto de burbujas arrastrando consigo los últimos aplausos.
Cae el telón.

Acerca de los autores:

Transformación – Javier López & Ada Inés Lerner


Faltaba una hora para que se pusiera el sol y en el bosque no se apreciaba nada de particular, aunque un pinsapar ya de por sí sea un lugar extraordinario: los abetos, que existían allí desde el terciario, eran endémicos en aquel reducto. Pero unos ojos poco expertos no verían más que coníferas donde anidaban perdices y otras especies que ni los otros ni yo conocíamos. ¿Sería verdad que al caer la noche allí iba a ocurrir algo que nos cambiaría para siempre?
Maritza permaneció sola, un rato, en el monte de abetos. Dicen que habló con elfos nocturnos, que son los que usan magia entre los muertos vivientes y orcos. Esta raza está en armonía con la naturaleza desde que salvaron al Abeto del Mundo.
Maritza volvió a la ciudad unas semanas después del suicidio de su marido y ya nada fue igual para ninguno de nosotros.

Acerca de los autores:

Batalla naval - Raquel Sequeiro & Lucila Adela Guzmán


El capitán grita.
Brillantes las naves, que briosas en sus nubes de adoradas velas azotadas al viento cual cabelleras doradas y flamígeras, hunden sus garras en los confines oceánicos perlados de lacustre almíbar coralino.
—¡Basta! Me hundo —declara el capitán con el agua al cuello y la desesperación hasta la coronilla.
Brillantes las naves, que briosas en sus nubes de adoradas velas azotadas al viento cual cabelleras doradas y flamígeras, hunden sus garras en los confines oceánicos perlados de lacustre almíbar coralino.
—¡Maldito loro! ¡Deja de repetir mis versos! ¡No ves que estoy muriendo y jamás podré corregir tanto floripondio!
Brillantes las naves, que briosas en sus nubes de adoradas velas azotadas al viento cual cabelleras doradas y flamígeras, hunden sus garras en los confines oceánicos perlados de lacustre almíbar coralino.
La batalla ha terminado el capitán jamás volverá a escribir y el loro en vuelo libre repite…

Acerca de las autoras:
Raquel Sequeiro
Lucila Adela Guzmán

lunes, 6 de julio de 2015

Los últimos minutos – Sergio Gaut vel Hartman & Daniel Alcoba


Disponíamos de apenas dos horas para realizar nuestra tarea, y estas pasaron con tanta rapidez que tomé conciencia de que estábamos desarmando una bomba cuando solo faltaban cinco minutos para la explosión.
—En las películas —dijo Tommy arrugando el envoltorio del caramelo que se acababa de poner en la boca— los que desarman bombas cortan el último cable cuando faltan dos segundos.
—Pero esto no es una película, idiota —repliqué—; es un cuento.
El caramelo obstruyó la garganta de Tommy, que empezó a toser. Se repuso, se acercó al timer del artefacto, perforó a berbiquí la cubierta acrílica del rejoj, luego la esfera de éste. A continuación introdujo una aguja endovenosa hasta el centro del sistema mecánico e inyectó cinco mililitros de superpegamento al cianocrilato. El reloj se detuvo tres segundos después.
Fue trabajo inútil, no había tnt o gelinita, era una enorme bomba de dulce de leche.

Acerca de los autores:

Los detectives - Cristian Cano & Ana Caliyuri


La agarro fuerte por el brazo y se le cae la cartera al suelo. El empedrado refleja el rojo de los semáforos y el verde azulado de los carteles de neón. Frenamos justo cuando la puerta vidriada del bar se abre. El androide cruza frente a nosotros y nos observa con ese ojo definitivo: un hoyo al destino. Ella lo observa y me mira. Me dice que entremos, que todo va a salir bien. Al unísono entramos los tres. El androide se sienta en una silla solitaria. Nosotros dos preferimos un sillón. Súbitamente una columna de humo comienza a salir de los ojos del androide. Se alza de la silla, se dirige hacia donde estamos nosotros dos. Ambos conocemos el hoyo del humo. A punto de captar nuestros destinos, comienza a corcovear. Luego, todo es un fuerte ruido a chatarra. Se desintegra. No soporta que el amor nos salve.

Acerca de los autores:
Cristian Cano
Ana María Caliyuri

Miedo inherente - Carlos Enrique Saldivar & Luciano Doti


«Cuando el niño despertó, el Cuco todavía estaba allí».
Listo. Presentaré este microrrelato a la revista. Aunque… ¿no suena ya demasiado molesto obsequiar la enésima variación del clásico de Monterroso? Además, como que no tiene demasiado sentido. Sin embargo, eso me pasó a mí de niño, desperté en mi cama y el Cuco todavía estaba ahí; quizá si le confieso esto al mundo (mediante una ficción) la criatura me encontrará nuevamente y me devorará.
No, qué tontería. Publicaré este texto.
Ya han pasado unos días desde que mi texto fue publicado. Me acuesto cada noche pensando en eso.
Ahora es de madrugada, acabo de despertar y el Cuco todavía está aquí. Recuerdo una teoría que dice que los monstruos son creaciones de nuestros miedos e imaginación, y la energía mental que ponemos en ellos es la que les da vida.
El estómago del Cuco es húmedo y oscuro.

Acerca de los autores:

jueves, 2 de julio de 2015

Les sigo pegando abajo – Alejandro Bentivoglio & Ada Inés Lerner


Se disfrazan de mí y cometen actos atroces. Le he avisado a la policía, pero los uniformados dicen que el parecido es tan grande que dudan acerca de la veracidad de mis dichos. Yo me siento ofendido, ¿cómo pueden creer que soy capaz de andar haciendo esas cosas horribles (pero sumamente placenteras) de las que soy acusado día tras día? Parecen galimatías y mis denuncias no hacen más que levantar sospechas de la autoridad. He recurrido a las más firmes reprimendas pero ellos se niegan a volver a sus nichos en busca de sosiego, tranquilidad, orden. Importantes valores dicen ellos aunque muy aburridos.
Comprender esta sensación de las ánimas que yo mismo experimento (en menor grado porque soy un ser vivo) en cuanto al efecto que me provoca el fuego, crujiendo y reflejándose en mis ojos, tanto de día como de noche, aunque a algunos les sigo pegando abajo.

Acerca de los autores:
Alejandro Bentivoglio
Ada Inés Lerner

El predador rectal del puerto del Callao – Daniel Alcoba & Carlos Enrique Saldivar


Los gusanos Trépano proceden de Triphis P 675 S 2 Alpha Centauri. Pero igual se colaron en las naves que invadieron Inglaterra hacia 1956, como ratas que son. Primera evidencia de exo génesis de la especie Trépano de Triphis es su densidad: 4,9; próxima a la del hierro. Los tejidos del Trépano trífido recuerdan el haz de conductores de fibra óptica en el interior de una manguera. Los dientes son gemas de opaca oscuridad y mayor dureza que el diamante, que engranan como las hojas de una trituradora de carne. Algunos de estos bichos empezaron a salir de los sanitarios y lastimaron gravemente o asesinaron personas en todo el mundo. La raza más peligrosa es el predador rectal del puerto del Callao, el cual sobrevive muchas horas bajo el agua, es fuerte, veloz e imposible de domesticar; sin embargo, muchos delincuentes comenzaron a utilizarlo como arma para sus fechorías; por ejemplo, cuando asaltaban una tienda: llevaban al Trépano en una caja y lo liberaban ante el dueño del local, el gusano saltaba con rapidez y se le metía a la víctima por el ano. Aunque el episodio más cruento fue la guerra de mafias que duró tres años. Los conflictos territoriales entres narcos, sicarios y extorsionadores condujeron a una serie de batallas urbanas donde los gusanos Trépano eran protagonistas. Los predadores rectales no se atacan unos a otros, mas sí son campeones cobrando vidas humanas. Rufianes de todo el planeta intentaron copiar a los facinerosos chalacos, sin resultados óptimos; solo el predador rectal del puerto del Callao, asociado con ciertos hombres, masacraba otros hombres. Hace dos años el conflicto finalizó, los Trépanos habían acabado con casi todos los criminales chalacos. Hoy han vuelto a lo suyo que es salir por los inodoros para destrozarles el colon a los ciudadanos comunes.

Acerca de los autores:
Daniel Alcoba
Carlos Enrique Saldivar

Altamira — Raquel Sequeiro & Fernando Andrés Puga


Los coptos nos tienen acorralados, los egipcios no nos dan tregua, los sumerios se han despertado de su largo sueño… No sabemos cómo nos hundimos en esta cueva y todos los otros nos persiguen sin poder guardar aliento. Ahora, encerrados sin alimento, nos dedicamos a hacer dibujos en las paredes.
—¡Mira qué bonito le salió el búfalo al nene! —gritaste eufórica.
—Sí, sí. Muy bonito. Lástima que no sirva para llenar nuestros estómagos —contesté sarcástico.
—¿Ah, no? Ven, acércate. Dale un mordisco. Está un poco duro, pero dadas las circunstancias...
Cuando finalmente lograron entrar las hordas salvajes, no pudieron distinguirnos entre las pinturas estampadas sobre la roca. El camuflaje resultó perfecto y sospecho que nosotros viviremos por siempre, o al menos hasta que la cueva se derrumbe por efecto de alguna catástrofe. Ellos, en cambio, serán presa fácil de los depredadores que acechan a la sombra de los riscos.

Acerca de los autores:
Fernando Puga
Raquel Sequeiro