viernes, 22 de enero de 2016

En la oscuridad - Sergio Gaut vel Hartman & Héctor Ranea


Sintió que una mano desprendía los botones de la camisa mientras la otra buscaba la nuca y tiraba de la prenda hacia atrás.
—No puedo verte —dijo.
—No es necesario. —La respuesta llegó asordinada, como si la mujer estuviera hablando desde otra dimensión, aunque el tacto de sus dedos era indiscutible, y demasiado agradable. Eran manos hambrientas y no tardaron en buscar otras zonas de su cuerpo.
—¿Dónde estás? Quiero verte.
—¿Para qué?
—Sin mis ojos tengo miedo.
—¿Miedo a perderme? —dijo riendo la mujer.
—Miedo a mis culpas.
—No tengas miedo. Buscame, estoy desnuda.
—Sabés que no puedo. Estoy atado a esto. Desde el accidente.
—¿Accidente? ¿Seguís creyendo que fue un accidente, querido?
Sintió que la mano lo hacía temblar donde tocase. La mujer invisible acarició su torso con una mano que parecía un hueso.
—¿Es tu mano? —preguntó, casi en un grito.
Le respondió un silencio congelado.

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