jueves, 11 de febrero de 2016

Día de noventa y nueve horas – Sergio Gaut vel Hartman & Carlos Enrique Saldivar


Eltod y Koter avanzaron entre puntales dorados que alguien había puesto sobre una serie de toscos peldaños de roca para sostener una especie de techo vegetal curiosamente irregular, lo más alejado de lo geométrico que pueda imaginarse. No era la primera excentricidad que descubrían en ese mundo signado por las desproporciones y las asimetrías. Si existía en el universo un lugar tan proclive a las rarezas ese era Judestel, el cuarto planeta de KPT-4326. Cuando terminaron la escalada, se situaron sobre los hierbajos y contemplaron delante de sí la extraña y hermosa vegetación. Cerca había cosas sacudiéndose, similares a flores. Observaron hacia arriba: la noche de cuarenta y nueve horas y media recién iniciaba. Ambos decidieron recostarse y observar en el cielo a las exuberantes entidades luminosas que realizaban danzas de ensueño. Eltod se dijo que no podrían quedarse en ese fabuloso jardín por siempre, que en algún momento «ellos» aparecerían. Koter sabía que no serían rescatados, la comunicación se había cortado en el momento menos indicado y nadie sabía que se encontraban varados en aquel mundo. Pero no estaban nerviosos, ni siquiera preocupados, mucho menos sentían dolor por las abundantes laceraciones que marcaban sus cuerpos; algunas raíces salieron a la superficie y los acariciaron, las criaturas de la nocturnidad eran afables, cálidas, envolventes, quizá porque pertenecían a un reino distinto del animal. Los hombres disfrutarían hasta el último instante de aquel finito placer pues en cuanto amaneciera, la fauna del planeta, conformada por seres indescriptibles, despertaría e intentaría cazarlos como lo había hecho durante el día anterior, que tuvo noventa y nueve horas. Siguieron disfrutando del espectáculo, muy pronto se dormirían. ¿Quizá para siempre? Tal vez lo que experimentaban era una muerte lenta y dulcificante. Se rieron ante tamaña ocurrencia. No se daban cuenta de que estaban siendo devorados.

Acerca de los autores:
Carlos Enrique Saldivar
Sergio Gaut vel Hartman

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