miércoles, 3 de febrero de 2016

Hogar, dulce hogar - Fernando Andrés Puga & Carmen Belzún



Cuando Ulises ingresó al salón, lo que hasta entonces era algarabía ensordecedora se tornó murmullo apenas perceptible. No hubo quien no corriera en busca de refugio, temiendo por su vida. Penélope se cubrió con lo primero que encontró y corrió presurosa a los robustos brazos de su hombre, intentando contener lo que parecía inevitable, pero para sorpresa de todos él, luego de un breve instante de desconcierto, lanzó una sonora carcajada, se arrancó la túnica y sin más trámite se sumó al juego. Cuando consideró que todos estaban distraídos, se escabulló hasta el patio. Sacó de entre unas matas una bolsa informe que antes había escondido con cuidado y vació su contenido en el estanque. Una mirada lánguida acompañada de un parpadeo fue todo el saludo que le dedicó la sirena antes de hundir su cola en las oscuras aguas.


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