miércoles, 3 de febrero de 2016

Hostiles – Sergio Gaut vel Hartman & Patricio G. Bazán


Intenté levantar el cadáver de Jonás, pero resbaló de mis manos debido a que la sangre impregnaba su camisa de raso. En ese momento me asaltó un presentimiento funesto, como si una valla de alambre de púas se hubiera elevado a mi alrededor, dejándome prisionero de un campo de exterminio. Yo era el siguiente. Contemplé la nube de mosquitos que sobrevolaba mi cabeza y recordé el rostro de Alina suplicándole a Draco que no le hiciera daño, lo que por supuesto fue un pedido infructuoso; el esbirro de los extraterrestres destrozó el rostro de la mujer con la mayor frialdad.
—Draco, voy a matarte —me oí gruñir.
Atravesé los interminables malezales durante toda la noche, impulsado por el motor de la venganza. Ya no sentía las picaduras de los insectos, ni la fatiga, ni el dolor por el fin de mis compañeros: pronto nos volveríamos a reunir. Cerca del alba, arribé a la finca de mi enemigo, una especie de chalet californiano constelado de ventanas, de indudable manufactura alienígena. "Parece que los amos aprecian a su perro", pensé.
Amparado por las sombras, vigilé los movimientos en la casa, pero me decepcionó la vulgaridad de lo que vi. Tres seres en movimiento que reían, charlaban entre sí, abrían la heladera y sorbían tragos, como cualquier terrestre ordinario.
Mi presencia en la sala interrumpió la conversación de Draco, que me miró alarmado. Encendí las luces para contemplarlos mejor: todos vestían de blanco, tan humanos que la mano que sostenía el cuchillo se me agarrotó del miedo. Draco se acercó despacio, eligiendo cuidadosamente las palabras.
—¡Jonás, qué bueno que haya regresado! Nos había preocupado su repentina... salida.
Los otros dos, de rostros ligeramente familiares, se veían tensos, pero llevaban estampada en las facciones la misma sonrisa tensa.
¿Yo, Jonás? ¿Qué estaba ocurriendo?
—Tome asiento, por favor. Estamos entre amigos —exclamó Draco, mi odiado Draco. —Supongo que recuerda a mis colegas, los doctores Mazza y Sandoval. Están muy interesados en su caso, Jonás. Caramba, ¿piensa escribir algo?
Miraron mi mano, interesados. Hice otro tanto, y descubrí que el cuchillo había mutado en un inofensivo bolígrafo. ¡Estaban llenos de trucos!
Draco me tomó de la mano y me condujo a una cuarta silla, tan vacía y blanca como mi cabeza. Su bata tenía un bordado a la altura del corazón: "Dr. A. Conti".
DRACO.
Sus colegas, sentados al borde de los asientos, no perdían detalle de cada uno de mis movimientos. —Cuéntenos, ¿cómo se ha sentido hoy? —dijo el tal Sandoval.
—Fantástico, doc —contesté, más que nada por seguirles el juego—; esta mañana su colega asesinó a mi Alina, y hace un rato mataron a Jonás, mi mejor amigo. Ya me dirán ustedes cómo me siento...
Se miraron durante un tenso instante, sopesando mis palabras. Draco se aclaró la garganta antes de susurrarles.
—A esto me refería, señores. Típico caso de personalidad escindida. El paciente afirma que mataron a su mejor amigo; es decir, a sí mismo. Esa Alina es una personalidad secundaria que logré integrar justo antes de que escapara de la clínica, en la fase final del tratamiento.
El solemne doctor Mazza me miró de soslayo. —¿Y la... cuestión extraterrestre?
—Alguien debe cumplir el rol de enemigo, otro giro típico. El señor Jonás es muy afecto a la literatura de ficción. Cree que los invasores del espacio son nuestros amos —Draco se señaló a sí mismo y sus colegas. El asco me ahogaba—, y que esta es la última fase. Significativamente, él está en la Resistencia. Literalmente, una resistencia al tratamiento. ¿Qué opinan?
Comenzaron un coloquio de hirientes susurros y cuchicheos, conmigo como tema principal. Miré mi mano: el bolígrafo seguía siendo el mismo. No había ningún extraterrestre, ni mis amigos eran reales. Todo era el montaje de una mente enferma.
Cada tanto, me llegaba el reflujo de alguna frase o palabra. "Hostiles" fue una de ellas. "Tratamiento de choque". "Quimiolobotomía" creí escuchar, pero ya no importaba, porque mientras hablaban se diluían sus poderes: el bolígrafo volvía a ser cuchillo. Y lo empleé muy bien. Por Alina. Por Jonás. Por todos los humanos libres del planeta que creen en la Resistencia.
El resplandor del incendio de la casa iluminó el camino de vuelta.


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