martes, 23 de febrero de 2016

La facultad de la cosería - Rolando José di Lorenzo & Ana María Caillet Bois


—La oscuridad crea monstruos y horrores —decía ofuscado el doctor Fermín Chemento, en medio de una disertación en el aula magna de la facultad de La Cosería (facultad que descubre, analiza y explica las cosas)—, a la noche se le atribuyen las brujas, los demonios y las muertes. Por otra parte los románticos hablan de la oscuridad del amor, el romance, los besos y las promesas, tendremos que ponernos de acuerdo. —Un aplauso cerrado, con muchos de los asistentes de pie, acompañaron las palabras del facultativo; solo dos o tres enemigos acérrimos de Chemento permanecían sentados y con los brazos cruzados—. ¿Alguna pregunta? —agregó Chemento, mirando fijamente y con cara de pocos amigos a los insurrectos. ¿Cómo se atrevían a enfrentarlo de ese modo? Odiaba los debates porque él siempre ofrecía las dos opciones y que cada uno se las arreglara. De lo contrario las conferencias se convertían en puros chimentos, y él se llamaba Chemento.
Los enemigos, como era lógico, comenzaron haciendo preguntas muy interesantes que obligaron a sentarse de nuevo a los que estaban parados. El doctor Chemento, muy a pesar suyo, enfrentó al auditorio y se dispuso a escuchar.
—Doctor Chemento —comenzó uno de los enemigos—; no me quedó clara cual es la opción a la que usted adhiere, o dicho con mayor precisión, ¿para usted la noche trae los monstruos o el que los convoca es el romanticismo?
—Mire —respondió Chemento—, le voy a contestar en forma práctica. Cuando me encuentro con personas como usted, que preguntan idioteces, usaría la noche para hacerlo pedazos en ese mismo momento, pero como están las luces encendidas y el auditorio esta lleno de gente, yo iría preso por un ser tan insignificante, en cambio si usted se hubiese levantado callado la boca yo estaría gozando de una cena romántica a la orilla del mar.
Sin decir otra palabra, Chemento tomó sus libros y enfiló hacia la salida. Fue entonces que escuchó al ser insignificante que le decía:
—Corra, doctor, porque quien esta esperándolo para una noche romántica a la orilla del mar es mi señora esposa.

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