martes, 23 de febrero de 2016

Páginas prohibidas – Ada Inés Lerner & José Manuel Ortiz Soto


Aún pasada la Edad Media los libros eran difundidos a través de las copias manuscritas de monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. Pero no todos los copistas sabían leer y escribir. Imitaban los signos, ardid perfecto de los pillos para que les copiaran los libros prohibidos.
La imprenta no solo redujo el tiempo de hechura de los libros: incrementó su número y quitó a la Iglesia el monopolio, aun de los libros sagrados. Como parte de su lucha personal en contra de la ignorancia, el sacerdote William Tyndele tradujo el Nuevo Testamento al inglés, “para que pudiera ser leído por la gente común”. Fue condenado a la horca por hereje, y su cadáver quemado con el fuego emanado de sus propios libros. Dicen que sus últimas palabras fueron: estamos hechos de palabras.

Acerca de los autores:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada