jueves, 11 de febrero de 2016

Persecución mortal- Marcelo Sosa & Ana María Caillet Bois


Figueroa no tardó en volver a sus aventuras cotidianas. Un día salió a cazar y llevó consigo a una perra para que le ayudara, de esas que por su tamaño pequeño le dicen “garroneras”. Andando en el monte vio un quirquincho ancho, enorme y gordo como una bocha de mortadela que entraba en una cueva y la perra, como la aguerrida cazadora que era, se metió también. Al cabo de unas horas Figueroa seguía esperando a la perra pero esta no salía de la cueva por lo que pensó que había muerto asfixiada y regresó a su casa. 
Al cabo de unos meses, se encontraba Figueroa en el patio tomando mate con su mujer cuando de repente observó que la tierra se abría frente a sus narices y aparecían jamones, salames, mortadelas y toda clase de chacinados.
Figueroa se agrandó y dijo:
—Mira, mujer: hija e' tigre; yo la entrené y ahora me trae la fábrica a mis pies; brava me salió la garronera. No se iba a dejar vencer por un quirquincho gordo.
La mujer se acordó que esa mañana había salido en el diario una noticia sobre el peligro de extinción del quirquincho y sin decirle nada a Figueroa, a la noche, mientras este dormía le regaló la perra garronera a un viajante, y con pico y pala cerró como pudo la cueva del patio.

Acerca de los autores:
Marcelo Sosa

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