jueves, 16 de junio de 2016

La casa del recuerdo - Dora Irma Acosta & Sergio Gaut vel Hartman


La casa luce una extraña mezcla de abandono y añosos misterios. Está en medio del bosque, cubierta de flores, una postal con olor a tiempo; cien años de historia pesan sobre el tejado y millones de emociones han quedado adheridas a los muros. Pero no pienso que esas emociones sean simples manchas, sino fotografías, registros de acontecimientos vividos, con sus risas y llantos, un catálogo de hechos y almas, quizá de aquellos que la cuidan, porque a fin de cuentas el lugar les pertenece. Se comenta que la habitan fantasmas, y que por eso la casa mantiene su lozanía y no fue sumiéndose en el deterioro. Pero como yo no creo en fantasmas prefiero pensar que la ocupan seres corpóreos, aunque invisibles. Me baso en que un vecino aseguró que de noche se ven luces, como si los moradores recorrieran las habitaciones. O eso pensé hasta que un niño, al que nadie le había preguntado nada, declara:
—Yo sé —dice. Asombrados, todos queremos que dé más detalles—. Vengan, no les pasará nada.

Lo seguimos al interior de la casa, y no podemos menos que admirar el arreglo. Es una escuela y un vehículo al mismo tiempo. Cuando nos sentamos en los bancos una suave brisa aletea sobre nosotros; sentimos el bienestar que produce estar ahí, sin temores. En algún momento el aula se separa de la casa, abandona el bosque y recorre lugares y tiempos remotos, aunque siempre regresa antes del amanecer.

Dora Irma Acosta
Sergio Gaut vel Hartman

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