martes, 28 de junio de 2016

Los ecos del lugar - Sergio Gaut Vel Hartman & Ada Inés Lerner


El lugar al que llegamos estaba silencioso y frío. Las altas bóvedas amontonaban los ecos y devolvían las voces de los muertos transformadas en sordos sonidos de oleaje, de mareas inclementes, mientras que en las habitaciones contiguas no se oía otro ruido que el palpitar de los corazones de aquellos seres asustados. Me hubiera gustado que el viejo señor de Weberly estuviera allí, aunque no habría servido de gran ayuda: los que yacían muertos no resucitarían y los que estaban a punto de morir carecían de valor para afrontar lo que venía, necesitaban fe en el Creador, en sus propios principios. Yo sabía que el miedo aturde y les hablé, pensé que el tono calmo de mi voz más que el sentido de mis palabras les ayudarían a enfrentar lo inevitable, porque el temor no demora la fatalidad.

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Sergio Gaut Vel Hartman

jueves, 16 de junio de 2016

La casa del recuerdo - Dora Irma Acosta & Sergio Gaut vel Hartman


La casa luce una extraña mezcla de abandono y añosos misterios. Está en medio del bosque, cubierta de flores, una postal con olor a tiempo; cien años de historia pesan sobre el tejado y millones de emociones han quedado adheridas a los muros. Pero no pienso que esas emociones sean simples manchas, sino fotografías, registros de acontecimientos vividos, con sus risas y llantos, un catálogo de hechos y almas, quizá de aquellos que la cuidan, porque a fin de cuentas el lugar les pertenece. Se comenta que la habitan fantasmas, y que por eso la casa mantiene su lozanía y no fue sumiéndose en el deterioro. Pero como yo no creo en fantasmas prefiero pensar que la ocupan seres corpóreos, aunque invisibles. Me baso en que un vecino aseguró que de noche se ven luces, como si los moradores recorrieran las habitaciones. O eso pensé hasta que un niño, al que nadie le había preguntado nada, declara:
—Yo sé —dice. Asombrados, todos queremos que dé más detalles—. Vengan, no les pasará nada.

Lo seguimos al interior de la casa, y no podemos menos que admirar el arreglo. Es una escuela y un vehículo al mismo tiempo. Cuando nos sentamos en los bancos una suave brisa aletea sobre nosotros; sentimos el bienestar que produce estar ahí, sin temores. En algún momento el aula se separa de la casa, abandona el bosque y recorre lugares y tiempos remotos, aunque siempre regresa antes del amanecer.

Dora Irma Acosta
Sergio Gaut vel Hartman

martes, 14 de junio de 2016

El pavo mudo del canto primero - Raquel Sequeiro & Sergio Gaut vel Hartman


Misa de a tres. Peludos rinocerontes se las componen para entablar brillantes diatribas con las sirenas, todas ellas colgando cabeza abajo del árbol cojo; el ciego, mudo y sordo, pretende cortarme las orejas y yo huyo desprevenido hacia la fronda, dejando atrás a la Bella Durmiente y los siete enanitos. Sancho Panza se divierte en el prado con Dulcinea y a Rocinante le han salido clavos… ¡por los clavos de Cristo! ¿Podemos suponer que el pavo mudo es soprano o nos conformaremos con que sea marcador de punta derecha? Llega Quijano con un pingüino en cada mano y hace caso omiso de la afrenta: catorce pizcas dicen que es pimienta y llega la hora del fin del mundo; los peludos rinocerontes se llamarán a silencio, las sirenas se vestirán de enfermeras y el Hombre de Marte cantará las baladas de Sabina antes de pegarse un tiro en las branquias.

Acerca de los autores:
Raquel Sequeiro
Sergio Gaut vel Hartman